EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2014

un poeta que te agarra del corazón para llevarte al centro de su escenario... en su cabaret de poesía y vida.

DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS - dónde fueron ...


Vieja canción desesperada en un gramófono
perdido entre las ruinas de una desolación bélica,
con la voz de Marlene a lo lejos,
con el sendero marcado por las lágrimas,
con el orgullo altivo de los generales.

Taciturno es el desfile de las miradas

amoratadas por tantos golpes de pecho,
por el “aquí estoy yo y por aquí no pasan
pronunciado por labios que murieron
llevando aroma a silencio.

Y tú en tu parque, con la mirada borrosa

por el agua que mana de tu marchita sonrisa,
alentando el vuelo del ángel que juguetea en
la arena donde cayeron los gladiadores que
aspiraron a ser héroes muriendo por el César.

Cavan fosos, construyen castillos, levantan

barricadas soñando con que el aroma del invierno
no decolore la fragancia de la primavera.

Y tú en tu nube, amortiguando el combate

de la soledad en aquel lecho de estrellas,
donde juramos querernos hasta la muerte.

Buenos días” nos decíamos a los ojos.

El niño mama ilusiones, ajeno a la locura adulta.
La princesa del cuento aguarda en su torre.
En el hatillo… nuestro mundo se esfuma deprisa.
Y deprisa, mi mano busca una caricia y un beso.

Y tú me sigues aguardando…

Y tú me sigues anhelando…
Y tú me sigues llamando a través del cosmos.
Pero a las estrellas se les han fundido los plomos.

Y al final del túnel oscuro pronuncio tu nombre.

Vuelves la cabeza al sentir el aroma de mis flores.
Pero es el viento quien te llama día tras día.

Y desde mi nube te veo partir desolada.

En la arena queda el dibujo del alma.
Dos nombres, un corazón…
y
una lágrima.


(c) Isidro R. Ayestarán

DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS - sin red



Salto al vacío donde el asfalto no dispara munición de fogueo,
donde en cada esquina surge el deseo bajo una cúpula estrellada,
donde ya no existen los contratos verbales a modo de pacto entre caballeros,
donde siempre se cumple su norma:
“si te vi no me acuerdo,
da igual tu idioma, tu raza, tu credo”.

Pero estas son mis armas, mis balas,
mi fuego…

Sin red me hacen saltar al foso de sus promesas incumplidas,
donde sus leones se despachan los escritos, los versículos, 
las parábolas, los artículos, los capítulos, las cartas magnas…
Donde una vez más, de nuevo, no importa tu nombre,
su cupo ya está lleno.

Pero esta es mi mano alzada, valiente,
directa, en verso…

En un mundo donde el acelerador es el menor de los enemigos,
el lobo se desprenderá de su piel de cordero
en cada curva cerrada de la confianza,
las hojas del calendario ya no caerán del árbol
y tú sólo serás una operación más de marketing.
Para ellos: puta basura.

Pero mi paladar de poeta no tragará
con todo lo que le echen...

Siempre derecho por el callejón sin salida,
con la vista siempre puesta en el blanco de la diana,
con el impulso necesario para alzarme
por encima de su lista de ignorados…
Aún al borde del huracán,
siempre hacia la orilla de la libertad.

No te fallaré…

Ya sabes,
como cuando quería acariciar el cielo
con mis propias manos
aunque quisieran romperme
por dentro al intentarlo.

MOONLIGHT (De cuando quise acariciar el cielo...)



Surcos de música en el viejo vinilo,
pequeñas motas de polvo a ritmo de blues,
serenata a la luz de la luna en los balcones
iluminados por las ilusiones nocturnas…

El baile coreografiado por el artista bohemio
de la cara blanca y el corazón sin pintar,
las manos entrelazadas como título a la obra
maestra resaltada en tu mirada…

Querer ver la vida a través de tus sueños,
estrecharte en mi regazo y respirar junto a
tu manera de respirar,
y sentir…

Y deleitarnos, tú y yo, bajo el ritmo de las cuerdas
que sostienen el mundo roto
de los amantes tristes que esperan un final incierto,
entre nubes hechas de lágrimas…

Un punteo en mi vieja guitarra,
unas notas en mi pentagrama,
y un violín a lo lejos…
Las armas del trovador amante
que se muere por que vuelvas al sendero
de las baldosas doradas.

Y sentir que llegas bajo el resplandor de la luna,
esa luz envuelta en la caricia que le dicté al viento
para que te trajera de nuevo a iluminar mi alma,

a que mataras la soledad de mi cuerpo
con la fragancia del aroma de un beso
certero… una vez más.

Una vez más…   tú y yo.

(c) ISIDRO R. AYESTARÁN
DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS

en otoño... EL NUEVO POEMARIO



En otoño, y bajo el sello Émepe de la editorial MundoPalabras, "DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS" verá la luz. Un compendio de pequeñas historias en verso sobre los grandes fracasos de unos personajes que agonizan en un asfalto de decepciones, miseria y soledad, escritas en plena crisis económica, de valores, política, social… y, por qué no, crisis también de sentimientos.
Con el pleno deseo de superación personal, los versos de “Volar” y “Sin red”, primero y último poema de esta obra poética cuyos títulos forman así un conjunto compacto a modo de leit-motiv de toda la obra (volar alto, muy alto, por encima de los sueños que alimentaba en la infancia), se mueven al compás de una serie de poemas donde la soledad y el desamparo de unos personajes, esculpidos por la decepción y el desencanto por una sociedad mal dirigida y peor representada, les llevan inexorablemente a vagar por callejones metafóricos a la búsqueda y captura de un último aliento de soplo fresco.
Influenciado por el mundo del cine de los años 40 y 50, sobre todo por el neorrealismo italiano de gente como Rossellini, Fellini y De Sica, varias de sus imágenes y sus bandas sonoras han inspirado los versos y los sueños de aquella vagabunda que fuera musa de un gran poeta, o de aquel otro gran artista que había muerto varias veces a pesar de salir a escena con la sonrisa vistiendo siempre sus mejores galas.
Escrito a caballo entre Santander y Madrid, por sus calles, sus plazas, sus cafés, sus locales de madrugada, con el papel y el bolígrafo siempre a punto para captar aquella determinada imagen, aquella ráfaga de conversación o el silencio de una compañera de mesa capaz de expresarlo todo sin mediar palabra alguna… para lograr poemas que hablan de la pareja de mendigos que piden limosna mientras sólo se tienen el uno al otro, del preso político que espera un guiño cómplice antes de su ejecución, del soldado que parte al frente de batalla y le escribe una última carta a su mujer, del escritor en ciernes a la caza de la inspiración… o como la de aquel que prometió a su pareja el salir del bache en que se encontraban,
a golpe de tecla, a golpe de verso…

como si la vida sólo dependiera de un poema… aunque nunca tuviera premio”.

AGUAS TURBULENTAS

Aguas turbulentas en hemiciclos de cartón piedra,
de frases sueltas sobre lienzos desdibujados,
deconstruidos en parcelas desahuciadas
por gobiernos peonza de otros tiempos.

Curvas peligrosas en barrizales con corbata
y maletín con doble fondo a juego,
frenos que fallan en una constante
ruleta rusa sin munición de fogueo.

Contaminan el aire…
Contaminan la vida que ya escasea
a años luz de fin de mes…
Contaminan miradas sin parabrisas
bajo su torrencial verborrea disfrazada
de promesa electoral…

me contaminan… te contaminan… le contaminan…
nos contaminan…  os contaminan…

Se agita el cubilete con la esperanza de un doble seis.
Se agita la esperanza de una luz más allá del túnel.
Se agitan banderas de mil colores bajo el aullido
de una sola voz que grita nuestro nombre.
“Agitar antes de usar” reza el prospecto en manos de un ateo.

Os contaminan…
Nos contaminan…
Le contaminan…
Te contaminan…
Me contaminan…

Y al final del camino, tras la derrota a pie de caballo uniformado, los aviones llegan a su base bajo la apariencia de muñecos de trapo, de títeres manejados por el Gran Hombre que sienta su enorme culo en su barroco trono.

Te contaminé/le contaminé/os contaminé…

Y el eco de su trueno se pierde a lo lejos,
más allá de esas verdes praderas que florecieron con el abono y el agua de mi nudo en la garganta, de mi voz enmudecida tras la pancarta hecha jirones, de aquellos brazos que se cruzaron porque pensaron que la lucha ya no merecía la pena.
Ese leve timbre de voz, ese tenue timbre de mi voz, ese sencillo y escaso trueno de voz que se atreve, que se arranca de mis entrañas para gritar, contra la fuerza del uniforme:

NO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
© Isidro R. Ayestarán, MMXV