EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2014

un poeta que te agarra del corazón para llevarte al centro de su escenario... en su cabaret de poesía y vida.

los JINETES PÁLIDOS



Hoy te he vuelto a ver pasear

desde el portal donde habito,

donde cada noche me dejan dormir

cubierto por los cartones que a otros les sobran,

donde cada mañana me desayuno

con la miseria de la incertidumbre.



Has pasado tú, encorvado como siempre,

con tu taciturno semblante a la caza

de un nuevo día, sin importarte el ritmo

ni el decorado habitual de tu sendero.

                                            

Un lacónico saludo entre tú y yo

quebró momentáneamente el silencio.

El tuyo, tu silencio,

el mío, mi silencio…



Silencio,

y no porque nos falten las palabras,

sino porque nunca nadie quiso

detenerse a escucharnos.



Alcé la mano en señal de buenos días,

y como cada mañana, asentiste con

una tímida sonrisa. Luego, te alejaste

calle abajo, vida abajo, mirada abajo.



Hoy te volví a ver pasear ante mi portal.

Y hoy, inspirado, decidí acompañarte.

(c) ISIDRO R. AYESTARÁN
DE CUANDO QUISE ACARICIAR
EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS

recordando el CABARETtour

 

Cuando estoy a punto de comenzar la promoción de "DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS", recuerdo con cariño cuando hicimos el CABARETtour, allá por 2009.
Mi gran dama de la poesía, Merche Lanza, y el poeta Javier Perales, de la asociación cultural ABSENTA POETAS, fueron los encargados de las presentaciones en lugares como Mil Rosas, librería alternativa La Libre y el Centro Cultural Dr. Madrazo.

DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS - semáforos en rojo y Balas




Cuerpos taciturnos tras la jornada laboral,
en un coche rumbo al descanso
a través de un sendero de semáforos en rojo.

Silencios que comentan…
Miradas que divagan…
Un espejo retrovisor…
Los días también tienen su punto final.

Semblantes furtivos y cristalinos,
segundos que parecen horas,
semáforos en rojo.

Las ojeras bien resaltadas
en el escultor de la madrugada,
en busca de un trabajo con que pagar
la renta, el agua, la luz…

Y otro semáforo en rojo,
y paraguas que se abren ante la lluvia incipiente,
y vagabundos que cruzan ante sus ojos,
cuerpos con idéntico destino…

Y un pitillo que se prende en el
asiento del copiloto,
la sonrisa cómplice que asiente

en esta metáfora en rojo
de la vida arpía fogosa y ardiente
que devora cadáveres
hasta en los días de fiesta nacional.

Y carga la bolsa de su uniforme
por toda la acera,
y la puerta del portal que se cierra
de manera brusca, tras ese cuerpo
derrotado sin ganas de continuar
un solo día más…

Semáforos en rojo…
Y después, por fin
la luz verde…

¿Pero hacia dónde?

(c) Isidro R. Ayestarán

AMANECER



Amanece difuso en mi mente,
y mi cuerpo derrumbado es la
sombra chinesca dibujada en el horizonte,
condenado a vagar en silencio
en busca de tu sombra,
soñando aún con
tu promesa rota
de no dejar de quererme.

Y amanece en la ciudad,
y te busco en cada una de sus luces.

Un juego de miradas mudas
ante el peregrinar errante
del poeta que te escribe,

el poeta que te anhela
en cada uno de sus sueños.

… Ya amanece.

(c) Isidro R. Ayestarán
poema ganador del XVI Certamen de Poesía Merche Lanza
incluido en DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS

DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS - dónde fueron ...


Vieja canción desesperada en un gramófono
perdido entre las ruinas de una desolación bélica,
con la voz de Marlene a lo lejos,
con el sendero marcado por las lágrimas,
con el orgullo altivo de los generales.

Taciturno es el desfile de las miradas

amoratadas por tantos golpes de pecho,
por el “aquí estoy yo y por aquí no pasan
pronunciado por labios que murieron
llevando aroma a silencio.

Y tú en tu parque, con la mirada borrosa

por el agua que mana de tu marchita sonrisa,
alentando el vuelo del ángel que juguetea en
la arena donde cayeron los gladiadores que
aspiraron a ser héroes muriendo por el César.

Cavan fosos, construyen castillos, levantan

barricadas soñando con que el aroma del invierno
no decolore la fragancia de la primavera.

Y tú en tu nube, amortiguando el combate

de la soledad en aquel lecho de estrellas,
donde juramos querernos hasta la muerte.

Buenos días” nos decíamos a los ojos.

El niño mama ilusiones, ajeno a la locura adulta.
La princesa del cuento aguarda en su torre.
En el hatillo… nuestro mundo se esfuma deprisa.
Y deprisa, mi mano busca una caricia y un beso.

Y tú me sigues aguardando…

Y tú me sigues anhelando…
Y tú me sigues llamando a través del cosmos.
Pero a las estrellas se les han fundido los plomos.

Y al final del túnel oscuro pronuncio tu nombre.

Vuelves la cabeza al sentir el aroma de mis flores.
Pero es el viento quien te llama día tras día.

Y desde mi nube te veo partir desolada.

En la arena queda el dibujo del alma.
Dos nombres, un corazón…
y
una lágrima.


(c) Isidro R. Ayestarán

DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS - sin red



Salto al vacío donde el asfalto no dispara munición de fogueo,
donde en cada esquina surge el deseo bajo una cúpula estrellada,
donde ya no existen los contratos verbales a modo de pacto entre caballeros,
donde siempre se cumple su norma:
“si te vi no me acuerdo,
da igual tu idioma, tu raza, tu credo”.

Pero estas son mis armas, mis balas,
mi fuego…

Sin red me hacen saltar al foso de sus promesas incumplidas,
donde sus leones se despachan los escritos, los versículos, 
las parábolas, los artículos, los capítulos, las cartas magnas…
Donde una vez más, de nuevo, no importa tu nombre,
su cupo ya está lleno.

Pero esta es mi mano alzada, valiente,
directa, en verso…

En un mundo donde el acelerador es el menor de los enemigos,
el lobo se desprenderá de su piel de cordero
en cada curva cerrada de la confianza,
las hojas del calendario ya no caerán del árbol
y tú sólo serás una operación más de marketing.
Para ellos: puta basura.

Pero mi paladar de poeta no tragará
con todo lo que le echen...

Siempre derecho por el callejón sin salida,
con la vista siempre puesta en el blanco de la diana,
con el impulso necesario para alzarme
por encima de su lista de ignorados…
Aún al borde del huracán,
siempre hacia la orilla de la libertad.

No te fallaré…

Ya sabes,
como cuando quería acariciar el cielo
con mis propias manos
aunque quisieran romperme
por dentro al intentarlo.