EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2014

un poeta que te agarra del corazón para llevarte al centro de su escenario... en su cabaret de poesía y vida.

AGUAS TURBULENTAS

Aguas turbulentas en hemiciclos de cartón piedra,
de frases sueltas sobre lienzos desdibujados,
deconstruidos en parcelas desahuciadas
por gobiernos peonza de otros tiempos.

Curvas peligrosas en barrizales con corbata
y maletín con doble fondo a juego,
frenos que fallan en una constante
ruleta rusa sin munición de fogueo.

Contaminan el aire…
Contaminan la vida que ya escasea
a años luz de fin de mes…
Contaminan miradas sin parabrisas
bajo su torrencial verborrea disfrazada
de promesa electoral…

me contaminan… te contaminan… le contaminan…
nos contaminan…  os contaminan…

Se agita el cubilete con la esperanza de un doble seis.
Se agita la esperanza de una luz más allá del túnel.
Se agitan banderas de mil colores bajo el aullido
de una sola voz que grita nuestro nombre.
“Agitar antes de usar” reza el prospecto en manos de un ateo.

Os contaminan…
Nos contaminan…
Le contaminan…
Te contaminan…
Me contaminan…

Y al final del camino, tras la derrota a pie de caballo uniformado, los aviones llegan a su base bajo la apariencia de muñecos de trapo, de títeres manejados por el Gran Hombre que sienta su enorme culo en su barroco trono.

Te contaminé/le contaminé/os contaminé…

Y el eco de su trueno se pierde a lo lejos,
más allá de esas verdes praderas que florecieron con el abono y el agua de mi nudo en la garganta, de mi voz enmudecida tras la pancarta hecha jirones, de aquellos brazos que se cruzaron porque pensaron que la lucha ya no merecía la pena.
Ese leve timbre de voz, ese tenue timbre de mi voz, ese sencillo y escaso trueno de voz que se atreve, que se arranca de mis entrañas para gritar, contra la fuerza del uniforme:

NO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
© Isidro R. Ayestarán, MMXV



 

TROVADOR DE MADRUGADA - Fabricante de letras



  
"Ojalá te aferras a mis manos mientras le dicto al viento las heridas sin cicatrizar de mi alma".
 Último fragmento de mi TROVADOR DE MADRUGADA, con los temas "Opening night" y "Fabricante de letras", el final de la historia del artista solitario que, de la mano de la artista de la calle, se lanza a la búsqueda de un nuevo horizonte.

TROVADOR DE MADRUGADA - El poeta marchito

  

Nuevo fragmento de "Trovador de madrugada" que recoge los poemas "Poeta marchito sobre el asfalto", "Humedad de barra de bar" y "Trovador de madrugada", los momentos más dramáticos de este solitario y alcoholizado personaje, que sigue vagando bajo las estrellas.

"Nadie te hace caso ya, viejo poeta,
viejo por acumular versos
en estantes llenos,
sobre sábanas vacías"

TROVADOR DE MADRUGADA - el poeta arrabalero



 

Nuevo fragmento de mi TROVADOR, representado el pasado 13 de marzo en el Gran Casino del Sardinero (Santander) junto a la mimo Rous.
La historia del poeta solitario y alcoholizado que, surcando una madrugada que se resiste a partir de su lado, recita sus versos a la luz de las estrellas.
Los poemas "Noche triste", "Halcón Nocturno" y "Arrabal" forman parte de este segmento.

TROVADOR DE MADRUGADA - musas y vagabundos de la escena



 

Primer fragmento de "Trovador de la Madrugada", representado en el Gran Casino del Sardinero (Santander) el pasado 13 de marzo.
"La Sirena de la calle Cubo" y "El vagabundo" forman parte del segmento dedicado a la gente del teatro, la escena y las candilejas.

doble actuación


Semana intensa para este "poeta de la legua".
lunes 9 de marzo, en ALEATORIO (c/Ruiz, Malasaña - Madrid), donde desgranaré parte de mi repertorio poético y haré un pequeño adelanto de mi nuevo libro "De Cuando Quise Acariciar El Cielo Con Mis Propias Manos", que saldrá próximamente a la venta.
viernes 13 de marzo, en el GRAN CASINO DEL SARDINERO (Plaza de Italia - Santander), donde representaré nuevamente la gala "Trovador de la madrugada", la historia del artista solitario y alcoholizado que, ante la posibilidad de un teatro vacío, abandona el camerino para recitar bajo las estrellas, su única compañía a lo largo de una madrugada que se resiste a irse de su corazón.

Os espero.

próxima parada: el ALEATORIO de MADRID

El lunes 9, a las 21.00 horas, desgranaré parte de mi repertorio poético en el ALEATORIO de la c/Ruiz, en pleno barrio de Malasaña. Servirá, además, para ofrecer un pequeño adelanto de mi próxima obra "De Cuando Quise Acariciar El Cielo Con Mis Propias Manos" que saldrá en breve a la venta.
Versos comprometidos para una noche especial.
Os espero.

poesía: Lluvia





Lluvia sobre sombras chinescas

alumbradas por farolas de luz tenue,

frontera entre vida amarga y mundo gris,

gotas de dolor,

de humedad en los recuerdos.



Lluvia sobre los rostros del desánimo,

del desencanto, del silencio más audible.

Lluvia sobre sombras chinescas

inmóviles en un sendero incierto.



Gotas de agua en su propio miedo,

lluvia nuclear que desintegra a partes iguales,

lluvia en el lenguaje analfabeto

de los gobiernos mudos, los gobiernos ciegos,

los gobiernos sordos.



Rincones solitarios empapados de

uniformes y crueldad,

de fanatismo en las miradas,

de intolerancia, orden y mando,

gotas de "agachad la cabeza a mi paso",

gotas sobre rostros esculpidos por la decepción.



Y allí al frente un niño que se pregunta

por qué en invierno nos asaltan las nubes grises

en esta vida lograda en la tómbola

de los sorteos inexplicables.



Y de la mano un padre que no

tiene más respuestas porque

sabe que no es agua de lluvia.



Es agua de

L Á G R I M A S.



(c) Isidro R. Ayestarán

DECADENCIA: rojo asfalto





ROJO ASFALTO
mis versos más certeros hacia el blanco de la diana de la realidad social: los semáforos en rojo de cualquier peatón ante la vida, y el asfalto que canta baladas, canciones tristes como las del poeta que perdió el amor en una apuesta arriesgada a la carta más alta.

audio poema AMANECER

Amanece difuso en mi mente,
y mi cuerpo derrumbado es la
sombra chinesca dibujada en el horizonte,
condenado a vagar en silencio
en busca de tu sombra,
soñando aún con
tu promesa rota
de no dejar de quererme.

Y amanece en la ciudad,
y te busco en cada una de sus luces.

Un juego de miradas mudas
ante el peregrinar errante
del poeta que te escribe,

el poeta que te anhela
en cada uno de sus sueños.

… Ya amanece.

(c) Isidro R. Ayestarán, 2011-2014

audio poema: RAUDA

Navegas rauda atravesando toda la calle,
a cubierto bajo un paraguas de grandes lunares,
como si así quisieras evitar el empaparte
con el recuerdo de tu última mala noche.

Rauda hacia la escena,
sin querer ahogarte con la soledad
de las bambalinas, como si con las prisas
desearas pasar por ellas fugazmente.

Rauda, calle abajo, deprisa…

Él ya no irá a verte esta noche al teatro,
y su butaca de siempre permanecerá vacía,
sin aquella luz de estrellas que te prometió
muchas otras noches atrás,
cuando no existía el vértigo ni las prisas
ni el silencio… ni los gritos ni las lágrimas
que arroja el cielo cuando las nubes se ponen
a llorar amores perdidos.

Pedaleo ágil y veloz sobre tu apagado
corazón, sin el tacto ya de unas sábanas
que huelan a amor y ternura.

Rauda, calle abajo, deprisa…

a cubierto.

TROVADOR - Tras el velo de la madrugada



A partir del poema "Tras el velo de la madrugada", del poeta cántabro José Elizondo, el Trovador de la Madrugada bailó a ritmo de tango sobre el asfalto de sus versos.

CARROUSEL los payasos



Fragmento del espectáculo CARROUSEL (concierto de versos urbanos y de los otros).

A modo de sátira social, los payasos del show hacen circo del mundo de la política social, el 15M, la crisis económica y el mundo de las triquiñuelas políticas.

Un espectáculo que se representó en varias salas de Santander entre noviembre de 2012 y marzo de 2013.

TROVADOR - la última copa que sea de miel





Estrenado el pasado mes de abril, en el GABANA de Santander, este monólogo a base de poemas sobre un solitario perdedor, romántico y nostálgico, hilvanó versos a ritmo de jazz, tango y recuerdos.

LA DIVINA SORAYA, la novela

 
Ya está a punto de caramelo "LA DIVINA SORAYA", una vieja historia que llevo reescribiendo desde hace meses para volver a pasearla por las editoriales.
Bautizado como Rafael Sandoval Santana, la gran estrella del transformismo y la canción española, LA DIVINA SORAYA, vuelve a los escenarios santanderinos tras su retiro espiritual en el que estuvo recluido tras conocer la triste noticia del fallecimiento de su ídolo y verdadero punto de referencia escénico, Sara Montiel.
A su regreso, y mientras prepara su nueva reaparición en la sala de actuaciones LUNA LLENA, se volverá a reencontrar con su particular club de fans, las aristocráticas señoronas del Círculo de Damiselas Refinadas de la parroquia de Santa Pepita Adorada, con la nueva alcaldesa de la ciudad, que pretende transformarla en una nueva y tolerante urbe... y con un amor del pasado.
 
LA DIVINA SORAYA... muy pronto.

BAJO EL VOLCÁN



Cuando despertó, hacía mucho tiempo que la aurora había dado los buenos días a los primeros vagabundos que yacían hacinados sobre el asfalto; ya se había recreado abiertamente con los que, bajo la continua pesadilla de su insomnio, habían anhelado desde hacía horas el desembarazarse de su cotidianeidad rutinaria; incluso se había deleitado con los que deslizaban sus tragedias ante hojas en blanco o partituras sobre pianos desvencijados que apenas dejaban entrever sus destellos melódicos.
El amanecer había madrugado, sí, y cuando Kayson decidió alejarse del territorio húmedo de sus sábanas onanistas, ya despuntaba el mediodía en el calendario y la música de réquiem sobre la humanidad mortecina.
Con un cigarrillo mal liado entre sus labios, vestido apenas con un minúsculo calzoncillo que no dejaba nada para la sugerencia y un sombrero de tejano americano, echó un vistazo por los botellines de cerveza que bailaban música lenta sobre el parquet. Blasfemó abiertamente al comprobar que la suerte en forma de alcohol le era esquiva de tanto habérsela jugado a una sola carta la noche anterior. Se estiró con deleite ante la ventana de su cuarto, a modo de escorzo esculpido sobre un bloque de mármol, una suerte de David entre Miguel Ángel y Donatello pero con aires de chapero suburbial, con la losa de su vello púbico despuntando en la erección matinal sin una porción de alimento en su interior. Había vaciado sus reservas pocas horas antes. Previo pago, claro.
Lesley sollozaba bajo la ventana de la alcoba de manera tímida, apenas audible para quien vuela en primera clase por su paraíso de nubes. Vestida con un camisón rasgado y con ráfagas de rimmel, sangre y lágrimas sobre el resto de un cuerpo malherido por los años dedicados a la autoflagelación, levantó la mirada con gran esfuerzo por entre los surcos de su angustia y apenas pudo decir nada que no significara otra cosa distinta a lo que evidenciaba en ese preciso instante.
– ¿Sigues aquí? – preguntó Kayson volviendo a su condición de hombre tras desperezarse a un ritmo lento incluso para él.
Ella volvió a humillar la mirada. El rió divertido y siguió buscando por el resto de la habitación. Un colchón sobre el suelo, un par de libros entreabiertos y separados en esquinas distintas, sábanas amontonadas en plan cordillera presta para la escalada… y poco más que no fueran botellas, cristales y fragmentos de una noche pesada.
– ¡¡Allí está!! – dijo tras volver a blasfemar como invitación a su juego de busca y captura.
Era un artilugio destartalado, una pequeña peana de madera con una bailarina de ballet rota a la que le faltaba una pierna, una de las manos y parte de su falda volátil. El resto, adoptando la posición de preparación para el ballet.
Kayson soltó una carcajada, la agitó entre sus manos unos segundos y una música pareció sonar del interior de la figura, que se movía torpemente de tan deshecha como estaba. Música de vals, sonido de otra época, distinta manera de bailar, otra forma de sentir la melodía… y él, retornando de nuevo al colchón, dejándose envolver por aquella sensación de bienestar, cerrando los ojos para soñar que volaba en dirección al paraíso.
Con la música, Lesley se retiró las lágrimas del rostro y se levantó poco a poco, con cansancio en unas piernas que ya jamás podrían dejar entrever lo que habían sido tiempo atrás. Se acercó al colchón y, como si fuera parte de ese mismo artilugio, bailó al son de aquella bailarina que había conocido épocas doradas. Con movimientos decididos, como si conociera la geografía exacta de aquella coreografía.
Kayson abrió los ojos, alejó el cigarrillo de la boca de un soplido certero y tras unos segundos observando el cuerpo de Lesley moviéndose al compás de la caja de música, con los jirones del camisón deslizándose por su anatomía endeble, arrojó con furia a la bailarina sobre una de las paredes. Y con el impacto y el estruendo, Lesley gritó al tiempo que se desmadejaba sobre el parquet, como si al cesar la música un Sansón bíblico hubiera derribado el templo empujando las columnas que lo sostenían.
Kayson también gritó con furia, alzando el vuelo sobre el colchón y aterrizando sobre ella con estrépito. La levantó como si fuera una muñeca de trapo, la zarandeó y la abofeteó salvajemente dos pares de veces antes de estrellarla contra el suelo.
El silencio se instaló en la alcoba de manera tajante y poderosa. Sólo el hilillo del sollozo de Lesley colocaba la pierna en la puerta para que lo dejaran pasar, como si fuera un cartero que llama más veces de las requeridas y decide entrar para que le firmen el taloncito del envío certificado.
Se habían conocido la noche anterior. El había llegado a la ciudad y se había instalado en aquel hotel de mala muerte. Ella paseaba su mala vida a cambio de unos billetes. El resto fue fácil. Un pacto nada caballeroso concluía que por una hora ella era capaz de hacerle cualquier maniobra nada desdeñosa. Y lo hizo. Cumplió su parte del trato. Pero él, lejos de solicitar hoja de reclamaciones, vertió sobre ella todo el fulgor de su cuerpo, pleno de alcohol y droga. Abusó de la hora del contrato extendiéndola más allá de la noche y la madrugada.
Ella sólo tenía ropa usada, maquillaje barato y muchas horas de vuelo rasante con el tren de aterrizaje deshecho desde hacía tiempo. Él, una bolsa que esquivaba de la mirada de ella, un atributo sexual poderoso, como de toro de rodeo, y aquella caja de música como único recuerdo de una infancia marcada a fuego en horas de maltrato paterno, reformatorios y uniformes judiciales. Una caja de música que sonaba a vida en un domingo perpetuo. Una música como señal de identidad para ambos.
Kayson se puso unos pantalones raídos, una camisa sin botones tras haberlos arrancado a lo largo de horas de presidio e interrogatorios y unas botas de montar con hebillas doradas. Adornó sus labios con otro cigarrillo tras un suspiro de desagrado, se colocó su bolsa de lona sobre la espalda y comenzó a andar en dirección a la puerta de salida.
Una última mirada entre ambos, como de reojo.
Ella volvió a levantarse torpemente, con aquel reguero de sangre desde la mejilla hasta la barbilla, con su pelo mugriento, sus ojos vidriosos nada catedralicios y su verdadero despojo como reflejo de un espejo donde la verdad – su verdad – se había cansado de reclamarla como suya.
Las sirenas de varios coches de policía hicieron acto de presencia, envolviendo la atmósfera de ruido ensordecedor en aras de la legalidad mal hilvanada en mamotretos apolillados desde hacía mucho tiempo. Pero esas sirenas no rompieron el silencio entre ambos, sus miradas y el significado de aquellos últimos instantes entre las cuatro paredes de aquel hotel de mala muerte. Como la suya.
Kayson esbozó una sonrisa triste, como de cansancio. Rebuscó en su bolsa y le arrojó un fajo de billetes. Luego, sin olvidarse nunca de su cigarrillo sobre los labios, se llevó el dedo índice de su mano derecha a ellos. Reclamaba silencio en aquel fatídico momento. Un silencio como el que le había acompañado toda su vida y del que quería alejarse para siempre.
Y lo logró. Su despedida fue todo menos silenciosa, una verdadera procesión de disparos con redoble de algarabía y gritos de viandantes.
Kayson, aquella vez, huyó en la dirección correcta. Su propio final ansiado desde hacía mucho tiempo.
Lesley se movió torpemente a lo largo del suelo de la habitación, entre los cristales de las botellas rotas y los fragmentos de las ventanas, deshechas por los disparos legales de la policía que vela por el bienestar ciudadano.
Se aferró a los restos de aquella bailarina que había sido entronizada tiempo atrás sobre una caja de música, y musitando la melodía que también había vivido y bailado tiempo atrás, cuando era una niña que supo a destiempo que las sonrisas también tienen fecha de caducidad, se dejó quemar por la lava que escupía el volcán de su propia vida.
Como la de Kayson.
Como la de tantos otros Kayson que habían pasado de largo, como si la vida no fuera algo a tomar en serio.
Hasta la última gota de lava.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXIV

NIGHT & DAY (v.2014)

La pared resalta estantes de libros,
sus lomos pintan títulos desteñidos,
como si los poetas se hubieran dormido
o se hubieran puesto de acuerdo en este
despistado escondite inglés.

Hay destellos de luces tenues por los rincones,
música de jazz con voz ronca al micrófono,
con ese chasquido propio de los vinilos
de otros tiempos. Lo de ahora... bueno, es otra cosa.

Hay polvo en las botellas,
desgana en torpes miradas,
rutinaria procesión de la mesa a la barra
atestada de confidencias y colillas secas.

Puede que al corazón de los enamorados se
le propine un coscorrón para ver si espabila
ante tanto estúpido "volver a empezar",
ante tanto vagar errante por el desencanto
tras los continuados rechazos.
O qué sé yo...

Tal vez vuelva a soñar con regresar a tu lado,
con retomar las charletas con los amigos
de aquellos tiempos tan lejanos, o quizá
dedique mis horas a sacar brillo a las empuñaduras
de todo lo que tengo alojado
en mis espaldas.
Qué más da...

La madrugada avanza lenta ante mi mesa de mármol,
en esta cueva prefabricada en lo alto de la cúspide
donde las pinturas rupestres adoptan la forma e imagen
de un recuerdo que prefiero que se lleve el viento…

Sin más opción que la de seguir mi camino
como mejor sé hacer, a golpe de verso,
siendo testigo involuntario de tantas miradas silenciosas,
de tantos rincones ávidos de ser colmados por mil vivencias,
confidencias mientras despunta el alba en este recoveco
de vida y grandes momentos,
una tasca olvidada, como de otros tiempos,

pero lo más cerca del cielo que he estado nunca.


(c) Isidro R. Ayestarán - 2010/14

TRAS EL VELO DE LA MADRUGADA (versos de Jose Elizondo)


 Tras el velo de la madrugada... la silueta deformada,
la apariencia inapropiada, el desvelo de la nada...
Tras el velo de la madrugada...
las cuentas pendientes donde se saldan
las deudas de poemas decadentes en el
pago de sus letras, donde los poetas callejeros
empeñan hasta sus versos.
 
Versos que se rebelan si les nombras sin querer,
si les señalas con el dedo cuando te rozan con la piel,
al preguntar sus silencios o interrogar sus acentos,
cuando les miras sin verlos, cuando les sueñas sin sueños.
 
Versos que se rebelan ante las rimas forzadas
de consonantes sin eco junto a vocales sin alma,
que quizá sólo quieran ser el suspiro de un disparo
que dispara "sin querer" pero "quiere" por si acaso.
 
Versos de poemas susurrados bajo el alba,
donde el tiempo acabará venciendo al sueño
que te clava por la espalda el filo en verso
de un aliento en soledad.
 
¡¡Madrugada!! Enséñame el ojal de tus fantasías,
la aguja de enhebrar tus noches a mis días,
enséñame los hilos de tus desvaríos
y haremos un zurcido con nuestros latidos.
 
¡¡Madrugada!! Despiértame a la hora de las
horas muertas, de las desertoras de tiempos felices,
la hora de las moscas sobre calaveras
zumbando sus alas contra cicatrices.
 
Y no dejes de hacer conmigo zurcidos
con piezas cogidas de cadáveres vivos,
con trozos de espejos donde nadie se mira,
con restos de versos caídos de poesías,
con estos zapatos hechos a patadas
desgastados de tanto andar por las madrugadas.
 
Y ya me ves, puta madrugada,
acabo con vino barato brindando a la luna,
con una aguja en el brazo enhebrando olvidos,
heridas que sangran despacio entre comisuras
de labios que besan cansados de tantos zurcidos...
 
Tras el velo de la madrugada... los amores de portales,
los gritos tras la ventana, y unos versos en el aire
que respiran la mañana que no quiere despertarse,
a quienes ya se les hizo tarde para ver cual es la cara
que se esconde tras mirarse en el espejo del alma
de noches sin encontrarse,
 
tras el velo de la madrugada.
 
fotografía: Lorena López Cañedo
realizada en la Jam Session de Poesía
5 abril - taberna GABANA
Santander