EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2016

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.


VERSOS EN COLOR SENTIMIENTO


Versos en sepia para anhelar tu presencia,
rodeado de un mundo que huele a otoño.

Colores de crepúsculo que me llevan hacia ti,
dando la tonalidad certera a mi quimera de amor.

Aura de romanticismo para envolver mi deseo,
para dar vida al alma de mi sueño.

Despuntando en el horizonte el origen de unos versos,
versos color sentimiento.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

... PORQUE TU NO ESTAS


Hoy he decidido llevarme en un tupper
los besos que no puedas darme
esta noche por las razones que sean.

Allí meteré también
esa luz de luna prometida que las nubes
de hoy han cegado más allá de tu ventana.

Y llevaré tu esencia
envuelta en el aroma de tu cuerpo
y el recuerdo de tus caricias.

… Porque tú no estás,
no dormirá mi mirada a la luz de las noche,
ni prenderé vela alguna para iluminar mi alma.

… Porque tú no estás,
será tu recuerdo quien guíe a mi soledad
por el sendero de las quimeras soñadas.

… Porque tú no estás,
mi vida yacerá bajo la cascada azul
que dio sonido y vida a nuestra historia,

a ese mágico juego de asentimiento
al sabernos fundidos en el ardor
de un deseo evocado y ya marchito.

Dejaré la ventana abierta por si
quieres regresar en forma de brisa
cabalgando entre las estrellas,

y mi boca anhelará el beso que me
despierte del sueño al que me condenó
el ansia por volver a ti de nuevo.

Y todo, porque tú ya no estás.
Y todo, por si te apetece regresar.
Y todo… por todo lo que fuimos juntos

al coincidir en el gesto sincero y certero
de mirarte, de mirarme… de mirarnos,
y morir ahogados en un beso.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

COBIJANDO MAMARRACHOS


Redobles de tambor con aroma a guerra verbal,
estúpida combinación de traje de diseño y corbata
a juego con la absurdez de los ideales venidos a menos
en el hemiciclo prostituido por un póker de madames.

Cumbres parlamentarias para paliar el hambre
provocado por la indecencia acumulada en las papeleras,
donde las propuestas de leyes se tramitan en las alcobas
de las casas de citas imperecederas de ayer, hoy y siempre.

La derecha es azul, la izquierda siempre rojo putón,
el centro, incómodo, que no encuentra postura en el sillón,
el chascarrillo ocurrente ante el micrófono, un vaso
de agua insípida, incolora e inodora…

Los aplausos de unos, el pataleo de los de siempre,
el circo que despliega sus múltiples pistas para el
deleite de los soñadores de la zambomba,
el aguinaldo navideño y sus numerosas promesas rotas.

Y es que la política no sabe de menús del día,
del precio del café, los tomates, a cómo el kilo
de chipirones para hacerlos encebollados o si es que
puede haber damas que compren bragas en un cadena cien.

El político figura en el Espasa, el obrero se agolpa
en la cola del paro, el poeta se conforma con recitar sobre
una caja de frutas en la Puerta del Sol o bajo las ventanas
de las enamoradas que lloran por los sms que nunca llegan.

Los jubilados alimentan palomas en los parques, las amas
de casa se vuelven como locas para idear recetas con los
mismos ingredientes con tal de cambiar el fuste nutricional,
y los encargados de los supermercados se travisten

de otra cosa con tal de proporcionar color al mundo gris
y áspero de los “malhuele” a maría rancia y abandonada
en los pasillos presidenciales y/o municipales, a punto
de caramelo para poner la mano y llevarse la comisión.

¡¡Ay, mundo redondo que giras sobre ti mismo!!
¡¡Ay, mundo desagradecido, que matas de hambre
a quien te tiende la mano en pleno proceso de evolución!!
¡¡Ay, mundo oscuro, tétrico e informatizado!!

¡¡Ay, mundo, que te corres de gusto con las encuestas
pactadas y compradas que te favorecen!!
¡¡Ay, mundo, que nos brindas en vaso de plástico
un ramillete de representantes para luchar por nuestro futuro!!

¡¡Ay, mundo, que no te reconozco aunque tampoco
te haya parido en una mesa de operaciones!!
¡¡Ay, mundo, que me paro en la próxima parada
porque me asesinan el billete!!

¡¡Ay, mundo!!
¡¡Ay, mundo, que te desternillas tú solo
al verme clamando justicia en una urna donde
sólo se cobijan los dementes mamarrachos

que se dan la vez en el juego del escondite inglés,
el garbancito, el “tú la llevas”, el “verdad, beso
o consecuencia” o en alguna otra parida de la
infancia marchita evocada a golpe de sonrisa.

Y en definitiva, hermanos todos de padres
que nos enseñaron a luchar contra el error humano,
saquemos el spray anti-ladillas políticas para
convertirnos en los servidores de los que son “alguien”,

en los hidalgos de los lugares cuyo nombre
no logro olvidar, al dar la patada en el culo
engordado por nuestros impuestos a los que se
miran al ombligo peludo y abrigado por su

total y absoluta falta de moral, ideas,
pensamiento, filosofía, paga dominical
y billetero generoso para pagar la ronda
de los vermús y la tapita cotidiana del bar.

Y me dará igual luchar contra molinos,
gigantes, gobernadores, acólitos de misa de doce
o contra el comodín ese que nunca aparece al
pretender una escalera de color.

Mi escudo son tus ojos y tu mirada,
mi bandera, tu vida y tu bienestar,
mi sustento, tus palabras de amor verdadero,
y mi triunfo, un mundo mejor lejos, muy

lejos de donde se cobijan los mamarrachos.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

LA ALCOBA DESNUDA


Al ritmo de una botella ardiente de espumoso rosado,
con el motor del amor a mil por hora,
con el ardor del calor de la caldera de tus besos,
y esa mirada aniquiladora de cualquier inapetencia.

Entre las sábanas de mi alcoba desnuda
de frialdad y silencios, por fin, por fin, por fin
toca llegar a la cima del clímax de aquello
que se hace llamar sentimiento desde los tiempos
de las cuevas prehistóricas.

Si los ángeles decidieran quitarse la venda
del Jefe Divino, exclamarían ¡¡Aleluya!!,
si a las beatas se les escapara el rosario de los
Misterios Rutinarios, aullarían ¡¡Por el Santo Madero!!

Y qué queréis que os diga, cabareteros míos,
que el espectáculo del teatro de las bajas pasiones
se hace más atractivo con música de fondo,
con el suspiro certero al hacer blanco en la diana.

¡¡Que entonen los laúdes las diosas griegas!!
¡¡Que canten los trovadores del mester de juglaría!!
¡¡Que las vecinas me golpeen mis paredes de pladur
al sentir el terremoto del amor y la lujuria!!

Que tus manos no se olviden del mapa de carreteras
que memorizaste para saber llegar al destino,
que al juntar tus labios a los míos, musiten fogosamente
un “te quiero”, un “te deseo”, un “te necesito”,
un “no te vayas nunca”…

y al final, tras las caladas silentes del cigarrillo
del momento “de después”,
a través de mi mirada y la tuya, coincidentes en
no decir nada más que aquello que delata
el brillo de nuestros ojos plenos de amor,

juntaremos, uniremos, fundiremos de nuevo
nuestros cuerpos en un solo de saxofón, oboe,
violín, violonchelo, trompeta… la orquesta entera
para musitarnos al oído de manera certera…

perdámonos entre las sábanas de esta alcoba desnuda,
y olvidémonos del tiempo, del mundo y de todo.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

CAMPO DE MINAS


Cuerpos verde fluorescente
travestidos de uniforme policial,
vigilando el patio del recreo,
la franja horizontal establecida
como frontera de una nueva
ley seca anti-ruido, anti-todo,
en una plaza de Cañadío
burguesa y señorial.

Una copita dos centímetros
más allá del recinto, se
penaliza con el precinto
“alto, prohibido pasar”,
carné de identidad, y si procede,
te invito a dos chuchazos
bendecidos por el aura de la autoridad.

Y los camareros del Canela, el Ventilador,
Bogart, Blues o cualquier otro
que aspire a acumularse en las
cámaras de gas municipales,
servirán en bandeja de plata
los polvos blancos aspirables
en forma de rondas bien contadas,
víctimas todos de las ordenanzas
con aromas a lolita descafeinada
de los ediles con acné y los
presidentes show-man televisivos
en esta Cantabria nuestra.

Y en el centro de la plaza, antaño a rebosar,
una farola sedienta de juerga y alcohol
que añora el gentío de la vida,
el murmullo de la noche,
el alma de los mortales que se beben
a borbotones las multas, la intolerancia,
las sirenas de los balcones y las ganas,
terribles ansias, por comerse una empanada
en el Horno de Cañadío a las tres y media
de la mañana.

¡¡Señora vecina!! Disculpe si la molesto
al eructar los gases de mi copa precintada
y reservada para unos pocos metros.

Y disculpe por estar vivo a horas
nocturnas, donde su Padrenuestro antes de
irse a acostar, se confunde y se funde
con mi hora de ángelus a la hora de
meterme unos churritos para desayunar.

Y ustedes, señores policías del
Orden, la Moral y las Buenas Costumbres,
dense un paseo bien uniformados y armados
por los despachos donde se pactan
las comisiones devastadoras para la gente
que no tiene ni idea de lo que significa
ser “mileurista”, y déjense de mamarrachadas
solventadas a golpe de mirada férrea de
sargento de hierro.

Les invitaría gustoso a una copa,
pero a estas horas está casi todo cerrado
a cal y canto, convirtiendo a mi querida
Santander en el nuevo muerto que hay
que enterrar tras la misa dominical.

Qué pena de esquela para mi ciudad,
cuya familia no recibe impertinencias ni
corona de flores de la Asociación de
Alcohólicos Reconocidos y Orgullosos,
en cuya carroza, a modo de cabaret
simpático y honesto, se reparten folletos
que son el mapa señalizador para
saber sortear, en este campo de minas,
las consabidas estupideces pactadas,
cada cuatro años si no hay crisis económica,
tras una perfecta campaña comercial.

(perdón, quise decir electoral).

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

GEOMETRIA DE ABSENTA Y AMOR


Licor prohibido en un juego aritmético,
matemática básica de uno y uno son dos,
influenciado por la lógica absurda de antaño
de contar con los dedos los desengaños del alma.

Abrir de par en par las ventanas para que se adentre
en nuestros cuerpos la luz de la luna prometida,
saltando a la comba en una canción ñoña
sobre el tiempo pasado y etílico de una mirada.

Morir en el cariño que desprendes al abrazarme,
emborrachándome cada noche de absenta para
escribirte el poema que te mereces, oh nena,
en ese campo sembrado de tu amor.

Si Van Gogh se cortó una oreja envalentonado
por ese brebaje mágico cargado de calor,
si Toulouse-Latrec pintaba maravillas con cepillo
de dientes en un filme de John Huston,

yo no soy menos que ellos al arderme el gaznate
que va directo al corazón, derechito al pinchazo
de mi alma al añorarte entre mis sábanas mojadas
cada vez que no duermes junto a mí en mi alcoba.

Eres el verso embriagado convertido en persona,
el aliento refrescante sobre un escenario diáfano
donde impera soledad, desengaño, putadas diarias,
rencor amoroso y alcohol, mucho alcohol.

Y yo soy el poeta nocturno que se bebe la vida a diario,
cargando sobre sus hombros mil mochilas de nostalgia
agujereadas por donde se iban a la mierda las
caricias y los besos que regalé en el pasado.

Pero por estas cosas de las matemáticas que me enseñaron
de pequeño, junto a una serie de tonterías y sandeces
a las que nunca hice realmente caso, recordé la
fórmula anhelante cuyo resultado me llevaba al cobijo

de tus abrazos y sonrisas legales, donde no importa
tanto el resultado de mis poemas escritos con absenta,
como el saberme enamorado de nuevo en una historia
de esas que se sueñan despierto en plena resaca.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

BUENAS NOCHES, SRTA. DAÑOBEITIA (la musa del sueño)


A mi Pepito Grillo con dos tetas
y un metro setenta:

Happy happy” porque te vas
de crucero por las islas griegas,
voz de mi conciencia
a golpe de cerveza,

verdadera confesión en
un tragaluz casi desierto
ante tu poeta cabaretero,
musa del artista sincero

que te pedía ese momento
de gloria anhelado por los
mortales del mundo entero;

el tuyo en forma de verso,
de fotografía planificada para
desvelar la desnudez de un sentimiento;
tu imagen como acorde correcto

en un pentagrama de letras,
tu sonrisa como la clave para
continuar despierto en mi
universo de alegrías y penas,

y tu luz y tu hombro, capaces de
soportar las neuras que me van y me vienen
en este mundo que nosotros convertimos
en mierda por no hablar claro:

eres el tren que nunca se marcha de mi estación,
diez años anclado en el corazón del rapsoda
que escribe su mejor obra al amparo
de tus brazos tendidos, que me dicen,

sin palabras y mirando a los ojos,
te quiero, chiquitín. Te quiero

… Y buenas noches, srta. Dañobeitia

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

VOMITANDO VERSOS DE AMOR


Rasgueando una vieja guitarra, evocando una historia ya pasada,
con la cejilla puesta en el cuarto traste para el punteo
acústico, a modo de vieja caja de música que nos transporta
a otro mundo lejano más allá de un espejo en un desván.

Escuchando los latidos de un corazón capaz de dictar
las viejas cartas para los amantes lejanos, que se llaman
en la distancia de un colchón terapéutico capaz
de adaptarse a toda clase de posturas y miradas.

Reviviendo el calor de dos almas fundidas en una sola,
haciendo mil piruetas en un trapecio sin red,
aferrándose a los brazos del “te quiero” sabiendo
que no permitirá una dura caída hacia ningún lugar.

Porque el amor es un circo tremendo de muchas pistas,
donde la sonrisa se maquilla bajo la identidad de un viejo clown,
que despertará al sonar el gong de una actuación ideada
para emocionar más allá del aplauso y la ovación final.

Y yo aquí, vomitando versos de amor,
siguiendo al pie de la letra el dictado de mi viejo motor,
que me guía por senderos inciertos sin métrica ni forma
ni ganas de visitar al cardiólogo de turno.

Porque todo gira en torno a ese sentimiento, antaño perdido,
identidad certera de mi resaca de mañana de domingo
y del resto de la semana, que el vacío de mi cama
me recuerda haciendo concreta mi soledad.

Y yo aquí, retorciéndome de mil maneras,
haciendo un ovillo con las sábanas, creando literatura
con el recuerdo, expulsando los demonios del jardín
del nombre alejado y todo su cuerpo.

Y luego, tiraré de la cadena del papel en blanco,
y la tinta se irá a un viaje muy largo lejos de aquí,
del lugar donde me desespero cada noche en un intento
por crear algo parecido a poesía y relato corto.

Pero que nadie lo dude un instante…
si me encuentro mal, me meteré los dedos en la boca
para vomitar al abismo un verso nuevo que
hable de amor. De amor por...

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

EL BALLET DE LOS SOLDADOS RASOS


Un, dos, tres, al paso de la oca.
Tres lápidas más en la fosa común
de los soldados rasos que van a morir
por una patria madre que no los ama ni adora.

Pom, po-pom, po-pom,
así suenan los latidos del corazón
de esas otras madres que son las que
lloran la ausencia verdadera.

Un estandarte sobre un ataúd no es
suficiente paño de lágrimas para el
corazón desgarrado ante un himno
cruel en un solo de trompeta.

Y la verdadera pena no se consuela
con salvas de honor, ni con palmadas
del gobierno plañidero de turno con
semblante de campaña electoral

Sin novedad en el frente, mi capitán,
a través de senderos de gloria, mi coronel,
tiempo de amar y tiempo de morir, mi
querida madre que lees la última carta que te escribo.

Y mientras te la dicto, a ritmo de corazón
palpitante porque se acerca la hora del combate,
le saco brillo a la chapa que lleva mi nombre,
que sepan que no soy un soldado anónimo

sin patria ni bandera, engatusado por el desfile
de hermanos rasos en esta trinchera, donde nos
miramos a los ojos en silencio por no preguntarnos
a qué mierda servimos, que nos manda cargarnos

a quien traspase nuestra frontera, a quien usurpe
la vivienda, el lugar de nuestros juegos de infancia,
al hermano que vive en el territorio contrario, a quien
ose levantarnos la mano, la voz y la mirada.

No, madre…
Si he de servir a alguien, que sea a este corazón
mío que aboga por la paz y el sentimiento,
por la paloma blanca del entendimiento,

por las lágrimas sinceras y honestas tras
consultar con la palabra antes que con el
enfrentamiento, con esa mano tendida que
se ofrece sin pedir nada a cambio…

¿No lo veis?
El verdadero territorio se adentra en este
corazón grande donde cabemos todos
sin importar el dios de nuestras creencias,

el color de la papeleta antes de meterla en la urna,
la compañía de un amor que llena de orgullo
sin necesidad de un desfile de mil colores…
la sonrisa sincera de los niños

que no dicen nada, pero que lo dicen todo
con una rotundidad que deja a los adultos
sin argumentos para firmar guerras analfabetas
y partidarias en este mundo de color negro.

(silencio)

Un, dos, tres…
Y disparamos.
A ti por ser el enemigo.
A mí, en la nuca por abanderar la huelga
de rencores caídos.

Madre…
Enseguida te llevan la chapa con mi nombre,
la bandera bien doblada y planchada,
el himno del adiós dolorido…

y este hijo que te besará por las noches
en un mundo de sueños, donde el verso
se escribe en una caricia certera en tu
frente ajada y marchita.

Una caricia certera, sí.
Más certera que cualquiera de las balas
que disparan los fusiles cobardes del
estruendo y la mentira.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

SACAME DE AQUI


Luces tenues alumbrando
mi callejón, el de los espejos
deformados de este rincón
oscuro en el que me enclaustraron
con voto de silencio.

Mudo ante los combates constantes
a los que me retaron dejándome exhausto,
vencido, sin fuerzas ni ganas por continuar
en este sendero carente de alma y sentido,
de una mirada ardiente que acierte
al convertirse en mi cómplice a la hora
de hacerme sentir vivo.

Sácame de aquí con tu luz cegadora,
con esa mano tendida convertida
en el deseo de huída hacia tus abrazos,
pronunciando tu nombre junto al mío
hacia la meta de ese horizonte donde
resucitan los amores perdidos.

Alúmbrame, sí. Conviértete en la brújula
que necesito para dejar de ser tu sombra
y sí una parte esencial de tu cuerpo.

Sácame de este callejón oscuro
en el que habito, torturado por
los golpes del destino y los besos
que nunca me dieron.

Sácame de aquí,
de la pesadilla de mi sueño.

Te necesito.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008