EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2017

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.


BALAS SOBRE MUNDO st.


Ten cuidado, forastero, que este mundo no es lo suficientemente grande para los dos. Tú en tu extremo de la calle, con la mirada fija, poncho del polvo del camino y cigarrillo en la comisura de los labios. Yo al otro lado del silbido aquél de Morricone, con los matorrales arrojados por el viento y acariciando el arma mortal que carga en mi cinto.
No hay explicaciones para este duelo en nuestra Alta Sierra, vaquero, y la chica del saloon aguarda impaciente a que uno de los dos caiga para quedarse con el otro antes de los títulos finales de esta película de serie zeta.
Tú lo quisiste así, extraño hombre de más allá de la frontera, antes de que la pianola tocara a marcha fúnebre por los pecados de los pobres mortales de esta sucia calle.
Sin concesiones al reproche, sin miramientos ni aspavientos; evidentemente, sin titubeos. No están los tiempos para amaneramientos innecesarios, Joe Kidd.
Volarán las balas sobre Mundo street, sobre los colosos de cemento habitados por los muñecos de cartón que regalaban con el último suplemento del periódico dominical. El sheriff, impasible, ha dado cerrojazo al armario donde guarda los fusiles legales; el sepulturero, astuto comerciante que ya había tomado las medidas de nuestros cuerpos previamente, aguarda el resultado de aquella oferta dos por uno que la imprenta había regalado al solicitar los pasquines de la última manifa; la señorita Carsom, la maestra de los niños, se esconde tras los visillos de su ventana, repugnada al comprobar que nadie ha aprendido la lección del civismo y la ética; y Doc, antiguo predicador, se ha pasado a la botella tras leer el último versículo de su destartalada biblia.
No, vaquero; es como si a nadie en Mundo street, cuervos carroñeros aparte, pareciera importarle que nosotros andemos jugando a perder la vida por una mala palabra inoportuna, como si el sonido de la armónica se fundiera con el viento al pasar de largo entre las lápidas del cementerio del pueblo…
Clavas la mirada en mi alma como queriendo adivinar mis intenciones, sin que el sudor alcance la palma de tu mano, dispuesta ante el gatillo anhelante que acabe con la tontería mayúscula de las propuestas de leyes que se discuten a base de mociones de censura.
Y bang.
Un enorme bang como el que originó el caos en el universo, capaz de dar cordura al movimiento de las mareas caprichosas ante la influencia de la luna.
No, forastero… ya te avisé de que esta calle no era lo suficientemente grande para los dos, y que el silbido de las balas es tan potente como el de los besos certeros cuando se está con la persona amada bajo una cúpula de estrellas.
Quizá exista un mañana que te dé una segunda oportunidad.
Quizá existan unas gentes que se detengan a escucharte.
Quizá dejen de existir los quizás, y todos ellos se conviertan en un sí rotundo.

Pero eso no será hoy, vaquero, porque hasta los que te siguen te han dado la espalda y han apretado el gatillo de la pistola que colgaba de mi cinto.
Y mientras te veo caer, sorprendido porque la chica del saloon haya preferido rendir tributo al mártir antes que al héroe, doy la vuelta y desaparezco de Mundo street al galope de mi caballo, como un llanero solitario que se recorta en la luz del crepúsculo,
como un poeta que prefiere la compañía de un licor prohibido para escribir sus versos,
como el latido del corazón cuando la chica de sus sueños habita muy lejos de su cuerpo.

No, forastero, no era una calle amplia para pasar los dos por el mismo lado.
Ni para mirarnos a los ojos al decirnos buenos días.
Ni para un apretón de manos sincero entre los amigos de los buenos tiempos del pasado.

No era grande, no.
Y tampoco lo es ahora, que cabalgo solo.

Qué lejos queda el sonido de la armónica que acompaña al viento en mi peregrinar.
Y qué distante el aroma de un beso ante una foto en sepia con el mar de fondo.

Y pienso que eres afortunado, vaquero, ahora que estás muerto y no vives bajo la tortura de un bang que se origine a tu espalda, en tu costado, en tu nombre de amante abandonado…

Un bang como el de esas balas que silbaron en Mundo street la noche en que desafiaron a un poeta a morir bajo el influjo de sus versos
.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

EL SHOW DEL MIL ROSAS




A las doce de la noche, como si esa hora mágica fuera la ideal y única para levantar el telón del Mil Rosas, se apagaron las luces tras las palabras de presentación de Juan Curras. Desde el camerino improvisado todo parecía distinto, todo se escuchaba de manera irreal: los primeros compases del vídeo presentación, el tema musical “El descanso” de Mónica Naranjo, las primeras fotografías realizadas en Madrid y Toledo retocadas para dar la apariencia de adentrarnos en un mundo idílico de sueños… el murmullo de la gente que se agolpaba a lo largo y ancho del local con aroma a flores.
Y luego, tras el gong final de aquellas primeras imágenes proyectadas en la enorme pantalla, flanqueada por las dos columnas diseñadas por mi amigo Félix para la ocasión, tras el biombo de boas de mil colores, el Maestro de Ceremonias hizo su aparición completamente vestido de blanco, con su chistera color plata y el bastón del sueño creado exclusivamente para él. Bajo una máscara de cabaret se dio la bienvenida al numeroso público que, expectante y divertido, aplaudió la entrada al escenario con los primeros versos de “Disoluta colombina”. Y así empezó todo.
Soy el poeta que se regodea en su coqueteo con el público cual disoluta colombina que se mueve en puntillas de acero y con el estruendo certero de unos versos que languidecieron para despertar en la aurora…”
Tras “Adicto al espidifen”, aconteció uno de los momentos mágicos del show. Sentado junto al atril de diseño, y mientras se proyectaban las fotografías del vídeo “Telón” con la música al piano de “Watermark” de fondo, el poema “…Porque tú no estás” se convirtió en el momento en que la evocación y el sentimiento alcanzaron una de las cumbres de conexión con el público.
Luego, el resto de poemas irónicos y satíricos recitados e interpretados a modo de monólogo cabaretero y teatral alcanzaron la primera media hora del espectáculo, ese “Cabaret del amor” que terminó con la referencia obligada a John Lennon para presentar la segunda parte.
“Las sonrisas mudas”, el último vídeo creado para EL CABARET DE LOS SUEÑOS, denuncia de esos gobiernos que utilizan a los niños como soldados, y que termina con parte del elenco artístico portando una bandera blanca, sirvió para que el público se adentrara en la segunda parte, “Los ángeles de la noche”, con el Maestro de Ceremonias vestido completamente de negro, comenzando con la interpretación de “El lugar donde ya no se pone el sol” y terminando con un corte de mangas a la Ley Sharia y el Islam. A partir de ahí, los versos más comprometidos, directos a la yugular de los gobiernos ineptos, la policía represora, la iglesia más drástica e intolerante, las guerras y los ejércitos, las banderas y las fronteras, la sociedad absurda de hoy día… “Cobijando mamarrachos”, “Campo de minas”, “El ballet de los soldados rasos”…
Que nos dejen todos en paz, viviendo nuestra vida a nuestro antojo, como los trovadores que somos, cantando a la vida, la noche, y lo más profundo de nuestras miradas…”
El vídeo “Trovadores”, mi canto a todos estos personajes nocturnos, dio paso al epílogo del show con los versos de “El poeta azul de las letras locas”, volviendo el Maestro de Ceremonias al blanco y la plata.
Para entonces, el bastón del sueño se había hecho trizas y el público se había entregado al máximo.
Setenta y cinco minutos de espectáculo, un decorado diseñado en exclusiva por Félix Ortiz, dos cambios de vestuario, los maquillajes de Maru Dañobeitia, la asistencia técnica de Carlos Albarrán y Rux, las fotografías de Cascabel… El Mil Rosas, las flores de Charo Cuena y la supervisión de Juan Curras…
Esos fueron los ingredientes para este nuevo show poético-teatral que sirvió como postre al circuito artístico nocturno por Santander bajo el epígrafe “La noche en vela”.
Y desde estas letras, mil gracias a la organización, a los que esperaban un show como este, y a los que me esperaban ver de nuevo en acción.

Permitidme que continúe en mi nube de ensueño.
Soportadme de nuevo con mis neuras y mis nervios.
Comprended que siga denunciando todo aquello que me parece injusto en este mundo que vivimos.

Mil gracias por seguir a mi lado.

ISIDRO R. AYESTARAN

LAS SONRISAS MUDAS


Imagina que no hay países,
no es difícil, hazlo,
nadie para matar, ni por quien morir,
ni siquiera religión.
Imagina a toda la gente
viviendo su vida en paz.
(Imagine – John Lennon)

Me gustaría inventar un nuevo idioma,
basado en lo que aprendí de pequeño,
en el que la sonrisa todo lo puede
y donde el odio y el rencor no son más
que el fruto del sueño del dignatario loco.

Me encantaría que este mundo fuera
gobernado por la candidez de un niño,
con la única preocupación de carecer
en su habitación de juguetes rotos:

Ojalá pudieras escucharme desde tu
rinconcito de las nubes, donde el sol
parece no ser el prota de tu nueva peli
sobre el sempiterno tema de los buenos y malos.

Y ojalá, también, te detuvieras un momento a escuchar
el lamento amordazado de aquellas
sonrisas que son mudas de sentimiento,
ahogadas en mil lágrimas de sufrimiento.

Quisiera que miraras en la dirección acertada,
a través de mi párvula mirada que se
hace mayor en este tiempo equivocado,
donde las muñecas se convierten en granadas,
donde el coche teledirigido se parece a un tanque
y donde los muertos no se levantan al
acabar la función sobre este escenario.

Quisiera que me explicaras por qué hay otros niños que lloran,
por qué gritan de miedo al escuchar las bombas,
por qué entierran a sus padres antes de hora,
por qué hay lugares donde nos enseñan a matar
antes de saber a sumar, restar, sentir, reír…

por qué hay lugares del mundo donde no se
aprendieron la lección de cómo saber amar.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

DISOLUTA COLOMBINA: introducción al show teatral


Se levanta el telón para la noche de fieras,
el ballet de los cisnes afeminados del cabaret,
los arlequines y los propietarios de chisteras
desvencijadas con olor a naftalina poética.

Se encienden las luces del escenario que siempre
carga hacia la izquierda, cosas caprichosas del
enorme paquete censurable del artista innombrable
de los mil folios con aroma a sensiblería romántica.

Regodeándose en su coqueteo con el público,
cual disoluta colombina que baila en puntillas
de acero, con el estruendo certero de unos versos
que languidecieron y despertaron en la aurora.

No hay temores, murieron los reproches,
se colocaron los chalecos anti-tópicos y se enfundaron
las entrepiernas insultantes a ritmo de pilates
enloquecido en este circo de sentimientos.

Y en un polvo atormentado a la luz de las estrellas,
cabalgando de nuevo como un solitario de llanuras
cubiertas de letras, mascando el tabaco prohibido
por el ministro del ramo de la incompetencia,

renace de unas cenizas pretéritas el dueño del bastón
que se aferra al paladar de las palabras,
el que fuera poeta nocturno y de la vida, el Maestro de
las Ceremonias atrevidas y osadas.

Y como una azafata en una compañía de vuelos
aéreos, la mímica de unos movimientos a ritmo
de nostalgia, pasado, amores rotos y sueños
evocadores, les indicará graciosamente a ustedes

que comienza este show poético teatral,
que poco o nada tiene que ver con lo que hayan visto
ayer, la otra noche o el día aquel que enterraron
al último de los rapsodas de este mundo oscuro.

Sólo pido unos minutos de paciencia.
Esa es mi verdadera recompensa a cambio de cogerles
de la mano y darles un paseo por mi nuevo mundo
de sueños… Los sueños de este su poeta

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

AÑORANZAS


El lugar de mis juegos,
el recuerdo de mis sonrisas,
el aroma de mi lejana niñez,
de esa infancia marchita para siempre.

Las fiestas de cumpleaños,
la paga de la abuela los domingos,
las confidencias con los hermanos
al apagar la luz de la habitación,
el peluche al que me aferraba para poder dormir.

Las aventuras con la pandilla del barrio,
la comida en el campo los fines de semana,
aprender a leer en la escuela,
el inicio en el juego de las miradas furtivas.

El consuelo de mi madre al recibir
la primera bofetada de la vida,
los viejos juguetes, almacenados en el desván,
la nostalgia de un beso de buenas noches…

Y tú, ocupando un lugar privilegiado
en mi mundo de añoranzas.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

EL POETA AZUL DE LAS LETRAS LOCAS


Fabricante de letras en locales sórdidos,
humo, folios desmadejados sobre la mesa de mármol,
aroma a absenta, la inspiración puesta en las
miradas que se cruzan en un instante,
frases sueltas, recuerdos constantes, y ganas…
muchas ganas de volver a escribirte en una hoja en blanco.

Llanero solitario por las sendas santanderinas,
colocando carteles de su próximo recital en Mil Rosas,
Búnbury siempre, y Bukowski, Chaplin, la Garbo
en aquella Anna Christie suya con voz grave,
y el suave tic tac demoledor del tiempo que se
acaba antes de sellar el primer beso.

Cuánto cuesta acabar un verso cuando
los amores pasados se distancian aún más lejos,
cuando sube el recibo del gas de tus abrazos
y las caricias tuyas no quedan registradas porque
no te encuentras en casa a la hora señalada.

Podría decirte que te vinieras conmigo en
esta apasionante aventura loca de las mías,
con mis excesos, extravagancias, y todo aquello
que parece molestar e incordiar a los políticamente
correctos que albergan en mi entrepierna,

que anidaras esperanzas mientras le silbo al viento
los reproches almacenados durante estos años de
letras locas y corazones rotos,
bebiéndonos la vida en cada poema sin temor
a resacas, jaquecas y escozor por estar eternamente
fundidos sin pasar por el cuarto de baño…

Podría aferrarme a tus manos mientras le dicto
a las estrellas las rimas certeras de las heridas
sin cicatrizar de mi alma, del sabor a refrito
del amor perdido pasado por el microondas,
y de tantas otras cosas que no se van de mi lado
por no pasar frío por las calles solitarias
del más crudo de los inviernos…

Pero tan sólo soy un poeta loco con aires
de bohemio de medio pelo, con el color azul
a modo de aureola incordiante, rodeado, eso sí,
de muy buena gente que escribe, que siente,
que se presta a mis imágenes, que englosan la lista
de mi espasa de musas y pequeños trovadores,
los Absenta Poetas, el mecenas Curras, la dueña de las flores
y la amiga especial que soporta mis millones de
sinsentidos literarios.

Esta noche confieso que me conformo con adornar la comisura
de los labios con un cigarrillo con aroma prohibido,
continuar con mis tumbos de izquierda a derecha,
distrayéndome con el género de mis amantes,
sin rendirme apenas por los ataques diarios de
esta vida absurda, y marcando a fuego en el
alma de los que me leen y escuchan que,
sin hacer daño a conciencia, este poeta azul
que escribe letras locas camina por la senda
marcada de los escritores malditos que se mueren
por un minuto de atención aunque la luz de las
velas sea escasa, el incienso tenga olor a recuerdo,
y el sentir el fuego de un beso se convierta,
noche tras noche, en la pesadilla dulce
que alimenta mi sueño.

La música de mi cabaret invita a tomarse la última.
Miro el reloj iluminado por la madrugada.
La chistera aún no me hace daño.
¿Por qué no? Me digo.
Chasqueo los dedos y llamo al camarero.

¿Qué me pones a cambio de mis versos?


(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

lady BANSHEE


Toque de spaghetti-western en un país ajeno,
desconfianza por tu acento,
por ese piercing con toque heavy en tu atuendo
y la palabra rumana en el currículum vitae
de tu lugar de nacimiento.

Sin embargo, para mí eres lady Banshee,
la esposa del rockero progresista, poseedora
del corazón rebosante de sabiduría coherente
en este reino de taifas reconvertido en circo
de pulgas aún por amaestrar y domar.

No te apures por la mirada de reojo,
olvida el sonrojo por no hallar la palabra certera,
evita el desaire de doña Manuela por no saberla
atender como a ella le gusta, pintada de negra
con la diadema blanca de las cofias sesenteras
a lo Gracita Morales en ¡Cómo está el servicio!

Diste con tus huesos en un supermercado de cajera,
te acusaron de falsificar firmas y de no hablar español,
susurraban a tu espalda en la cola del pan, en el
pasillo de las lejías, y hasta en aquella mini exposición
de turrones de saldo antes de Navidad.

Pero tu te abstraías con tu música y tu recuerdo,
con Metallica de fondo y un cigarrillo en los labios,
oyendo mis poemas en el Tragaluz a golpe de cerveza,
y con la certeza que da el saber que el silencio entre amigos
se paga a golpe de talonario en los latidos del corazón.

Oh, lady Banshee,
descubrimiento de mis carencias informáticas,
con intercambio de lugares que visitar en Roma y en tu
infancia para mi trabajo sobre la añoranza de las sonrisas
perdidas…

Oh, lady Banshee,
consoladora del lamento del desamor en un rincón
de fantasía, aquella noche en el Bolero santanderino
sin toque de guitarra, humo en la mirada, y manguera
a punto de sofocar el ardor de las lágrimas vertidas.

Oh, lady Banshee…

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

MAÑANA DE DICIEMBRE


Mañana gélida de aproximación al invierno,
rayo de sol tenue entre las nubes,
mitigando el dolor del frío,
suavizando la atmósfera pre-navideña,
acentuando el dolor de tu ausencia.

Cielo de azul intenso sin gaviotas,
alejadas del mundanal ruido de la amargura,
partiendo en la búsqueda sincera
del clima cálido donde cobijar sus cansados
cuerpos, sus frías miradas.

No impongas rejas a los latidos honestos
de un corazón palpitante por tu compañía,
ni aprisiones el idioma certero de las
palabras de amor que musitan mis labios,

ni arrojes al fuego de la caldera eterna
las viejas fotografías de aquel sepia que tanto
te gustaba, ni los momentos en que fuiste
mía al bailar agarrados y aferrados
la danza amorosa envuelta en el silencio
significativo de nuestros sentimientos.

Cobarde al no llamar las cosas por su nombre,
incapaz de sentir un estremecimiento,
insoportable roce corporal roto por el pasado,
suspiros ahogados en una lágrima viva y oscura…

Y pasear por la bahía en esta mañana de diciembre,
solo, contigo en el recuerdo, marcando el ritmo
de mis latidos enloquecidos por volver a tu mundo,
dándote vida en cada verso, en una serie de poemas

con aroma a verano y luz de domingo,
como una película de Garci, donde tú eres yo,
y donde la espera tiene ese aroma vivo
que se llama igual que tu nombre.

No es una confesión tardía…
Es lo que me inspira el pasear por la ciudad
en esta gélida mañana de diciembre,
… y de aproximación al invierno.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008