EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2016

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.


se acerca el reestreno de DECADENCIA, en el DOBLE ARTE


Todo a punto para que el Trovador llegue a la estación de la DECADENCIA, para hablarnos de distintas vidas de arrabal.


DECADENCIA (vidas de arrabal)
Café-bar DOBLE ARTE
(Magallanes, 27 - Santander)
21.30 horas

video

LA CENA DE LOS AUSENTES


Nos robaron el brillo de nuestras miradas
confundiéndonos con luces artificiales

de mil colores, sin prepararnos

apenas para luchar en un mundo de mayores,

donde el canto de un villancico

es una oda a la nostalgia, y donde

la magia y la paz de una noche

se truncan en una cena dedicada a los

A U S E N T E S


fotografía: BEATRIZ GANDARILLAS
OOOooohhh... es Navidad!!!
Teatro Casyc (Santander)
lunes 27 diciembre 2010

ESPALDA CONTRA EL MURO


A los que murieron con la espalda contra el muro,
los ojos vendados y los labios enmudecidos.


Ya amanece...

Ya los rayos del sol se filtran

por los barrotes de tu celda,

ya el taconeo se hace presente

en un paso de oca uniformada,

desinformada, analfabeta,

títere, marioneta...


Esposaron tus manos,

encadenaron tu lengua,

destrozaron tu cuerpo,

torturaron tu persona,


los pájaros no alzan el vuelo,

el mapa ya no sitúa la libertad.


Mutilaron el canto del trovador,

deshilvanaron sus versos certeros,

encogieron en un prelavado

absurdo el blanco de su bandera,

ora desteñida, ora deshilachada,

pero aún ondeando al viento.


Estruendo de disparos

tras la orden concreta:

¡¡Soldados!! ¡¡Apunten!! ¡¡Fuego!!


Trompetas de Jericó

que acabasteis con la palabra

hablada, pero no con la escrita,

la tinta del autor de las

letras esculpidas a fuego y sangre,

con furia y tesón

contra la injusticia,

contra la intolerancia,

a favor del sentimiento de

unos labios, el poder de una

mirada, el calor de un abrazo,

el amor de dos cuerpos, la

mano alzada a favor de la voz.


Esposaron tus manos,

encadenaron tu lengua,

destrozaron tu cuerpo,

torturaron tu persona,

mutilaron el canto del trovador,

deshilvanaron sus versos certeros,

deshilacharon el blanco de su bandera...


Ya amanece...

Ya los rayos del sol se filtran

por los barrotes de tu celda,

ya te colocan con la espalda

contra el muro...


Y sobre tu cabeza,

el pájaro que alza el vuelo

en busca de la libertad.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010

QUEDATE CONMIGO


Quédate conmigo esta noche,
no te prometo traerte las estrellas

ni tan siquiera la luz de la luna,

tan sólo unos cuantos versos

del poeta solitario

que en la jungla del asfalto

hilvana historias para mecerte

entre sus brazos.


Quédate conmigo mientras

te las recito mirándote

a los ojos,

algunas son historias tristes

de gente a la que no dejan

vivir o amar,

otras son de personajes duros

marcados por el hierro del destino,

pero las más próximas a ti

son el resumen de lo latidos

de mi corazón.


Te contaré historias de arrabal

en esta noche en la que

no quiero que llegue el alba,

en la que seamos el reflejo

de un espejo eterno.


Sobre el pentagrama de la vida,

las notas evocadoras de

quienes no tienen voz,

y en nuestros cuerpos

ese sueño que soñamos

que se haría realidad.


Quédate conmigo esta noche.

Quédate.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010

EL TANGO ERRANTE


Con su maleta,
con su mundo

calle abajo,

versos demolidos,

sombrero bajo,

mirada hosca

hacia un infinito incierto,

hacia el epicentro

de un beso con tango.


Lejos del andén,

solitario y bohemio,

el poeta taciturno

arroja una flor

de color negro,

oscura como su alma,

como el recuerdo

que le atormenta,

antes de fundirse en

un baile con la vida.


Recítame un poema

sobre la decadencia

de tu corazón,

sobre el resquemor

que aún te ahoga,

sobre esa pena loca

de la que huyes

estación tras estación,

representación tras

representación

antes de bajar el telón,


antes de fundirte

en un baile con la vida,

en un beso con

aroma a tango errante.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010

fotografía:

POWEREDby NEL

PASEO


Hoy te he vuelto a ver pasear desde el portal donde habito, donde cada noche me dejan dormir cubierto por los cartones que a otros les sobran, donde cada mañana me desayuno con la miseria de la incertidumbre. Has pasado tú, encorvado como siempre, con tu taciturno semblante a la caza de un nuevo día, sin importarte el ritmo ni el decorado habitual de tu sendero.
Un lacónico saludo entre tú y yo quebró momentáneamente el silencio. El tuyo y el mío. Y no porque nos falten las palabras, sino porque, quizá, nunca nadie quiso detenerse a escucharnos. Alcé la mano en señal de buenos días, y como cada mañana, asentiste con una tímida sonrisa. Luego, te alejaste calle abajo, vida abajo, mirada abajo.

Hoy te volví a ver pasear ante mi portal.

Y hoy, inspirado, decidí acompañarte.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010

ESPERA...


Aún aguardo al verso certero,
aquél que recitaría en la noche

refugiándome en tu regazo,

fundido a tu cuerpo.


Aún miro el folio en blanco

que anhela, silente, el

baile de mis dedos, deslizantes

sobre mis sueños.


Trémulo el deseo,

viva aún la quimera,

pero frío el recuerdo de un beso.


Lejano cuerpo entre mis sábanas,

soledad de letras aún no escritas,

musitadas, apagadas en su espera.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010

LAS IMÁGENES DE UN SUEÑO


Hoy he querido recordar de nuevo el vídeo presentación de este blog que nació, entre las estatuas del museo de Victorio Macho, la casa ROCA TARPEYA de Toledo, en un otoño de hace dos años ya...

Hoy sentía la necesidad de rescatarlo, como si de un nuevo ansia por volver a nacer se tratase.

"Miradas y manos que se cruzan desde la balconada de un poema"

MONÓLOGO para LA NOCHE ES JOVEN


- ¡¡Que se levante el telón!!
Sí, ya sé que este principio puede sonar un tanto tópico, pero es que esta noche había pensado en hablarles a todos ustedes sobre el mundo del teatro... ¡¡Ay, el teatro!! Las bambalinas, las candilejas, el vuelo de las mariposas minutos antes de que se alce el telón, y bla, bla, bla...

Anoche mismo estuve escribiendo para ver cómo podría desarrollarlo de una manera atractiva y, así, evitar el que todos ustedes cayeran en el tedio más absoluto. Estudié, incluso, la posibilidad de poner una música de fondo para hacerlo más ameno, encajando ciertas frases en unas notas específicas como si de un puzzle se tratara... Horas me llevó planificarlo. Casi toda la noche... hasta que Marlene me dio un toque haciendome ver que la tenía desatendida. ¡¡Ay, las gatas cómo son!!

El caso es que, dando vueltas de aquí apra allá por la habitación, comprobé que el argumento no era lo suficientemente sólido como para poder ser representado esta noche. Le faltaba garra, fuerza... así que, con un cierto halo de frustración, decidí arreglarme y salir a buscar la inspiración por los locales nocturnos que frecuento habitualmente... Y me marché, no sin antes recibir una sonora bronca de Marlene, que anoche tenía unos airese de madrastrona a lo señorita Rotenmeyer.

- ¿Así me dejas... una noche más? ¡¡Ay los escritores, los poetas, los bohemios y todos los de tu especie!! ¡¡Qué harta que me tenéis!! - vino a decir.

Pero para cuando ella había terminado de maullar sus reproches, ya me encontraba en la calle, empapándome de vida nocturna a la caza de una historia que contarles a todos ustedes. Y conmigo se vinieron mis compañeros de viaje: mi cuaderno y mi bolígrafo de coger notas. Siempre están a mi lado... Cualquiera que entre en un bar de copas y me vea al fondo de una mesa, ante una pinta de cerveza, me verá escribiendo. Es algo que he hecho desde niño. Escribir. Lo de tomar cerveza por las noches vino años después. Que conste.

Sí... escribir. Y desde muy niño. Verán, y esto que les cuento ahora es verídico. Mi madre tardó veinticuatro horas en echarme de su interior. Los médicos estaban desesperados conmigo, ya que la pobre, por más que empujaba y empujaba, nada de nada. Dice la leyenda que es que aquella noche me encontraba terriblemente inspirado, escribiendo vayan ustedes a saber qué, por lo que no era de extrañar el que me batiera con uñas y dientes para evitar ser desalojado de aquel despachito que me había habilitado. Y así, hasta que mi madre, fruto de la desesperación, dio un sonado grito, inundando el quirófano de un silencio sepulcral... Atemorizados quedaron todos... Y a mí, se me cortó el rollo, la inspiración y hasta el hilo de la historia. Luego, los médicos me cortaron el otro hilo... Pero no voy a aburrirles con escatologías varias.

Pues bien, allí me encontraba yo, en aquel maravilloso oasis de copas, música y buena gente, con mi pinta de cerveza fresquita, un cuenco de palomitas y un montón de páginas en blanco que me pedían a gritos el ser rellenadas con personajes, tramas, frases, situaciones... En eso, sonó la música de una de mis películas favoritas, y la escuché detenidamente por espacio de unos segundos, hasta que la bombilla esa que aparece en los cómics, se iluminó sobre mi cabeza. ¡¡Ya estaba!! ¡¡Allí lo tenía!! Me froté las manos, le di un buen meneo a mi jarra de cerveza, y comencé a esculpir un monólogo teatral para todos ustedes esta noche. Y olé.
Cinco o seis líneas llevaría, ensimismado por la música, satisfecho por lo que tenía escrito, dejándome envolver por la inspiración del momento, hasta que...

- ¡¡Hombre, qué haces aquí tan solo!!

Y se sentaron en mi mesa los dos. Mi hermano y su mujer. Una santa. Mi paciencia, no ella... pero permitan que los trapos sucios se laven en casa.

- ¿Y bien?

-¿Y bien... qué?

- ¿Que qué haces aquí tan solo?

- No podía dormir estar noche.

- ¿Y te vienes aquí a escribir?

- Pues sí.

- ¿Y esta vez de qué va?

- ¿El qué?

- El dramón que estarás escribiendo... porque, hijo mío, hay veces que lo tuyo es ya un homenaje continuo al inventor del kleenex.

- Ah... pues no me había dado percatado de ello.

- Chico... perdona que te lo diga en tu misma cara, pero es que...

Y venga a hablar, venga a hablar, venga a hablar... Y yo a escuchar, escuhar, escuchar... Y pensar, pensar, pensar... por qué demonios no me lo cargaría cuando tuve la primera oportunidad.

Verán... y esto que no salga de aquí, pero es que yo fui el primero en nacer. Fui el primer hijo, el primer nieto, el primer sobrino... el primer todo. Y claro, me llevé todas las atenciones de la familia pese a la decepción inicial de mis padres, que ansiaban con todas sus fuerzas el que yo hubiera sido una niña... Pero eso ya se lo contaré en otro momento. El caso es que él, mi hermano, llegó año y medio después de mi alumbramiento. Tan risueño... Tan alegre... Tan cosita... Y de mí, pasando de largo. No lo podía permitir, así que eché mano de todas las artimañas posibles para conseguir desacreditarlo y, así, volver a ocupar el privilegiado lugar que me correspondía. Sí, ya sé que les puede sonar ruín, mezquino y todos los calificativos que ustedes quieran, pero créanme, esta actitud de supervivencia está a la orden del día. Echen un vistazo a los titulares de los periódicos y díganme si miento o no... En fin, a lo que iba. Los niños de entonces éramos de otra manera, hechos de otra pasta... Nos tirábamos al suelo a pelearnos y esas cosas. Ya lo decía mi abuela: "cuando el niño llega sucio a casa tras haber jugado con sus amigos, es que el niño se lo ha pasado muy bien". Puesa eso, que me enrollo como las persianas de mi piso. Yo intenté por todos los medios posibles, y de los otros, el deshacerme de ese engendro que ocupaba mi lugar. Una vez, lo lustré bañándolo en polvos de talco de arriba abajo. Viaje a Urgencias... En otra ocasión, decidí engordarlo a base de ciertos caramelos de la marca Octalidón que mi tía abuela guardaba en el bolso. De nuevo, excursión a Urgencias... Una noche, me ofrecí a ayudar a mi madre a preparar la cena, una tortilla a la francesa, por lo que me dispuse a batir todos los huevos... entre las sábanas de su cuna. Con él dentro... Miren, ahí mi madre sí que se enfadó conmigo al no entender el que yo actuara de aquella manera.

- ¿Pero se puede saber qué te ha hecho el pobre hermanito para que te comportes como una estrella reinona del escenario, que no consiente que una simple aspirante a actriz le haga sombra? - me preguntó con cierto tono de madre-que-no-asimila-que-su-primogénito-tenga-aspiraciones-de-fratricida-en-potencia.

Pero lejos de buscar otra reacción, lo que provocó con aquello fue que meditara profundamente en sus palabras. ¡¡Claro!! ¡¡Ella había dado en el clavo!! Había recurrido a la palabra mágica, la descripción ideal... con lo que se lee en el espasa y la wikipedia después de buscar o escribir mi nombre: "Estrella reinona del escenario".

Así que, para volver a ser el centro de atención de todos, me dio por inventar historias que luego escenificaba ante la familia en ocasiones señaladas, cosa que sigo haciendo por mucho que pasen los años, los lustros, las décadas... Fechas como las fiestas de mi cumpleaños, la cena de Nochebuena, etc, etc, etc... En algunas ocasiones recito poemas. En otras, hago monólogos. A veces hasta canto boleros... y durante una noche loca, canté "La gran ganga" de Almodóvar y McNamara, abanico en mano incluido. Que conste. Y todo muy bien preparado y muy bien ensayado, tras largas noches sin dejar de escribir y crear.

Como en la noche de ayer.

Sí... Cinco o seis líneas llevaría escritas. Mi hermano y su mujer hacía tiempo que habían desaparecido. De hecho, todo el local estaba vacío. Solo quedaba mi monólogo por concretar, un rapsoda en ciernes con dificultad para encauzar la historia... e, impertérrito, el camarero del bar, que, como una estatua de mármol, me miraba frío, muy frío.

- Te voy a decir una cosa... No sé tú, pero yo tengo casa, y son las cinco de la mañana.

El asfalto de la calle volvía a convertirse en mi refugio, pero a esas horas ya no tenía ganas de hilvanar frases o situaciones, por lo que decidí volver a casa y refugiarme con Marlene... suponiendo que me hubiera perdonado el desplante de horas antes.

Eso sí... dejaré el telón a media altura para cobijar una nueva representación. A fin de cuentas, no hay mejor teatro que el teatro de la propia vida de cada uno... Y les aseguro que yo, personalmente, soy teatrero a no poder más.

Silencio...

La obra está a punto de comenzar.


(c) Isidro R. Ayestarán, 2010
representado en la edición de otoño de
LA NOCHE ES JOVEN
Excmo. Ayto. de Santander.

CAMERINO


Dicen que en la
copa de vino se

cobijan los posos

del recuerdo.


El momento exacto

de la mirada que se
pierde
en el vacío,
a lo lejos...


como un ensayo

para un blues

antes de salir a escena,


como la soledad

de un camerino

sin tu reflejo en el espejo.


(c) ISIDRO R. AYESTARÁN, 2010

REQUIEM, el texto de la obra


Suenan los compases de "Candilejas", de Charles Chaplin.
El decorado presenta el escenario de un Café un tanto desolado, de estética atemporal aunque inspirado en el Art-Decó años veinte y, sobre todo, en "El ángel azul" de von Sternberg, con alguna mesa de tablero de mármol desperdigada y sin orden, sillas de madera sobre ellas y una o dos tiradas por el suelo. Además, como decoración, hay varios bustos con chisteras sobre tarimas, boas de plumas arrojadas por el suelo y, en el fondo, pero de manera destacada, se ve un atril adornado con telas blancas y una máscara de color plata en el centro.

Vemos aparecer al poeta protagonista, bastante ebrio y riéndose escandalosamente, vestido completamente de negro, con un abrigo y un fular torpemente colocado sobre los hombros. En una de sus manos lleva un bastón y una maleta de la que sobresalen telas y algún papel. En la otra, lleva agarrada una botella de vino, por la mitad de su capacidad. Camina torpemente por todo el escenario, al compás de la melodía chapliniana, cambiando de mano los elementos que lleva, dando sorbos de la botella, haciendo notar que le molestan, tanto la maleta como el bastón, intentando desembarazarse de ellos hasta que lo consigue, arrojándolos al suelo, chitándoles por el estruendo provocado por el ruido al caer. Luego, mientras baila sobre sí mismo, da un largo sorbo a la botella al tiempo que se retira el fular, que se desliza por el abrigo hasta caer al suelo.

La música cesa.

Sólo se oye al protagonista, que comienza hablando de manera enérgica.


POETA

¡¡Brindo... por tantas noches de gloria!! ¡¡... Por tantas noches de aplausos del público que llenaba el teatro cada noche!! ¡¡... Por tantas...!!


Se queda pensativo, da un trago a la botella y comienza a andar por el escenario, torpemente. Así, se mantiene unos segundos antes de hablarle a la botella, con voz marcadamente ebria.


POETA

Ayer al Baudelaire no se presentó ni Dios... (se pone amargo y con la voz en un punto quebrada) En la que iba a ser mi gran noche de estreno, sólo se amontonaron ante mí copas y copas de vino... El público prefirió quedarse en la terraza del bar, contándose sin prisa sus cosas. No les culpo... (lanza una sonora pedorreta y rompe a reír). Para ellos, tan sólo he sido el cabaretero de la chistera y el bastón que hace siempre lo mismo por mucho que cambie el título a sus obras... "Estas cosas curten, dan tablas", me dijo un día no sé quién. Pero yo no me acostumbro a la ausencia del respaldo... a toda esta decadencia.


Torpemente, se deja caer sobre una silla, como un muñeco de trapo. Da otro sorbo a la botella y continúa con su discurso.


POETA

Nunca me gustaron los reproches ni cantar las verdades a la cara a nadie... Allá cada uno. Pero las cuentas no salen, los amigos restan... y el agujero de mi maleta multiplica cada día más la resaca amarga tras la bebida emborrachadora del olvido... (se coloca las manos en la boca, como si estuviera hablando por un micrófono) ¡¡¡Cinco minutos y a escena!!!, decía el gerente del Baudelaire anoche... (pensativo y amargo) Sin música, sin voz... y con los ojos pintados tan de negro que tiraba para atrás... unos ojos aturdidos por tantas noches de sueños rotos... (se levanta decidido hacia el atril, y cambia el tono de voz) ¡¡Pero salí a escena!! ¡¡Y me coloqué ante mi atril de piernas decadentes, medias deshilachadas y vértice por adivinar!!... (cambia otra vez el tono, a uno más divertido por la borrachera)... Y unas cuantas copas de vino encima... Y una vez allí arriba, lo único que pude decir fue "Ay, muñeca... cómo te trata de mal el mundo de la poesía... Yo, por lo menos, me cambiaré de calcetines mañana a primera hora"... (adopta un tono amargo) Pero la colonia del verso no se evapora, se impregna en la piel, se mete tan adentro, que el algodón desmaquillador no logra su efecto.


Pensativo durante unos segundos, da un sorbo largo antes de hablar, como ido y burlón en un principio, alzando la botella a modo de brindis.

POETA

¡¡Cinco minutos y a escena!!... (como volviendo de un sueño, con voz entrecortada)
Con lo único que adorna últimamente mi ronca voz, donde aún resuena el eco de aquel "te quiero" que debí haber arrojado en algún momento de inspiración... (reflexivo) Y sí, estas cosas curten, dan tablas... Y cada día que pasa, recito más ligero de equipaje. (Posa la botella y se dirige hacia el atril mientras se va quitando torpemente el abrigo) Pero ya que están ustedes aquí esta noche... que no se diga.

Comienza a oírse de fondo un tema crepuscular, el "Silence" de Hans Zimmer, que sirve para acentuar el tono de voz del protagonista.
Parece que va a ponerse a recitar, revisando cada folio de manera nerviosa, negando contundentemente con la cabeza, pero en el último segundo les deja caer al suelo, como si fueran hojas secas, mostrándose más deshecho por segundos.
Su voz, entonces, se hace más oscura y sin fuerza.

POETA
Pero si no puedo... Ni sé las horas que llevo vagando por las calles de la ciudad, buscando esa meta certera para este patético personaje que inventé hace tiempo... Ya sin ilusiones ni sueños, como esa gente que pasa por la vida sin saber a qué huele un camerino cinco minutos antes de salir a escena. El mío, desde hace horas, huele a poesía, a verso hilvanado con el corazón destrozado, al ritmo de ese tic tac demoledor que se te clava en lo más profundo del alma hasta que te es imposible decir "basta"... Silencio... El poeta quiere dormir, conducirse a través del sendero de nubes que lo acunaban antaño... (mira hacia su atril, decorado de manera desolada) Hubo noches en que mi atril lucía mejor aspecto, las telas se renovaban cada cierto tiempo e, incluso, diseñaba coreografías para mis versos... (alzando los brazos de manera muy expresiva) ¡¡El Maestro de Ceremonias me llamaban!!

La música cesa.
Poco a poco, baja los brazos al tiempo que desciende también el tono de voz.

POETA
Pero todo ha terminado... Todo ha terminado... El teatro ha muerto en el más absoluto de los silencios, bajo la indiferencia más acentuada... Bajo ese aplauso que no tiene vida ni proporciona calor alguno... El cabaret perdió su luz... las coristas, sus lentejuelas... ¿Y mis bailarinas? ¿Y la luz de mis focos? Hoy salgo a buscaros... (adelanta la mano como si los buscara realmente) Quiero encontraros... ¿Dónde estáis?... Silencio... ¡¡Que alguien apague esa música que me persigue desde hace horas!! (se coloca las manos en los oídos unos segundos, como si le estuvieran martirizando) Esa tétrica música de requiem que suena al recordar todo el cabaret al que di vida sobre el escenario... (con tono orgulloso) ¡¡Yo fui un gran artista!! ¡¡Y el público me aplaudía estruendosamente cada noche!! ¡¡Y éstas eran mis armas de caballería!! (se agacha para coger su maleta, qeu abre para ir sacando unas boas de plumas, una máscara de colores y una chistera un tanto ajada, al tiempo que va hablando) La contraluz de las bambalinas, la coreografía de una vida multicolor, la artificialidad para algo que pugnaba dentro de cada latido de mi corazón para que el público esbozara una sonrisa... lejos de las sonrisas mudas que nos rodean ahora... (se alza con la chistera y se la coloca lentamente) Cada noche levantaba el telón sobre este mundo de fieras...

Suenan los compases de "
Cabaret" de John Kander.
El poeta se transforma en Maestro de Ceremonias, desafinando los primeros compases por los efluvios del alcohol, al tiempo que recoge el bastón. Adopta entonces una postura cómica de verdadero maestro de ceremonias de la escena, jugueteando con su bastón, interactuando con el propio público y danzando por el escenario al ritmo de la música trepidante.

MAESTRO DE CEREMONIAS
¡¡Willkommen, bienvenue, welcome, bienvenidos!! ¡¡In cabaret, au cabaret, to cabaret, al cabaret!! ¡¡Meine damen und herren, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, señoras y señores!! ¡¡ Sean todos bienvenidos al Cabaret de los sueños, donde cada noche abrimos las puertas de la sala para hacer que se sientan como en su propia casa!! ¡¡El show que dura toda la noche!! ¡¡Bailarinas con lentejuelas danzarán ante todos ustedes!! ¡¡Actrices de mimo que, gracias al Hacedor, son mudas incluso una vez que ya se ha bajado el telón!! ¡¡Comparsas y cabareteras les harán compañía hasta que la cartera quede vacía - las tengo bien enseñadas -!! ¡¡Boas de plumas, luces de colores!! ¡¡Un espectáculo de los de antes, con la orquesta del Gran Torino a la cabeza, junto a su batuta certera sacada del Hollywood musical de los cincuenta!! ¡¡Levantamos el telón sobre este mundo de fieras!! ¡¡Dejen sus problemas en la puerta y olviden estos tiempos negros de conflictos y zancadillas!! (danza unos breves segundos con interactuación con el público) Hoy tengo las mesas llenas, con un público que no sabe muy bien a qué ha venido esta noche ni qué dirección tomará el show durante los próximos minutos... MMMmmm, las coristas apuran sus últimos segundos en el camerino antes de su salida a escena... MMMmmm, la orquesta envuelve con su música cada rincón de este altar de flores... MMMmmm, les invito a que se adentren todos ustedes entre las notas locas de este pentagrama de versos y música que se llama Cabaret de los Sueños... ¡¡No querrán marcharse nunca!! (se arroja confeti sobre sí mismo, al tiempo que adopta un tono de voz más sombrío, como de lamento) Willkommen... Bienvenue... Welcome... Bienvenidos...

Cesa la música.
Como si volviera a su realidad, el Poeta se desprende de chistera y bastón al tiempo que la voz parece arrancar de un susurro doloroso, hasta que consigue hacerse audible.

POETA
En mi último espectáculo, la corista no salió a escena. Se refugió en su camerino, silenciosa, empapada de sentimiento y poesía por un amor que no le era correspondido... (su voz es un lamento de autoculpa) Ciego estúpido... No supe apreciar el significado de su mirada al bajar el telón. Para mí, lo único verdaderamente importante era la posibilidad de no recibir un aplauso al finalizar el show... el no tener purpurina con que maquillar las sonrisas de mentira. Ignoraba lo que era un sentimiento... lo que siente un corazón cuando está en silencio, y ése era su miedo, el terror que no supe apreciar en sus ojos... Cabaret absurdo... (alza la voz, que muere justo en la última frase) Inútil personaje que llorará entre bambalinas la ausencia de un "te quiero"... (anda ensimismado por el escenario hasta sentarse sobre la silla) Dicen que cuando el amor se desvanece, la poesía cae como una hoja en otoño, y el alma se convierte en una dama de negro que camina errante con su candelabro, con luz tenue, con su corazón apagado... (observa los folios que había arrojado anteriormente con tristeza y amargura) Mi alma surca ahora el océano de folios donde yacen las estrofas de los versos destruidos, a la deriva, ya sin destino... (se agacha hasta palpar cada folio, como si les hablase a ellos) ¿Quién quiere detenerse a escuchar al poeta que muere en cada uno de sus versos?... Los versos del poeta que te anhelará en cada uno de ellos, en cada fragmento de sus sueños... (se alza muy lentamente) ¿Dónde van las almas errantes? ¿En qué momento de la ovación debe bajar el telón deshilachado para alzarse de nuevo, dejando al descubierto a esta pobre marioneta del cruel destino? ¿En qué momento exacto de la noche expiró el Maestro de Ceremonias para convertirse en un poeta que cuenta su triste historia?

En ese momento suena el tema instrumental "The last man", de Clint Mansell, una música de requiem que acentúa el momento en que el poeta, ensimismado, va recogiendo aleatoriamente uno a uno los folios, hasta que, por sorpresa, se detiene en uno que comienza a leer en un susurro, dejando caer el resto.

POETA

(leyendo)
Camino con mi soledad por mil calles desiertas, con mis versos resquebrajados pensando que son nuestros corazones quienes van de mi mano. Humillo la mirada para que nadie me lea la tristeza en mis ojos, que nadie comprenda cuánto puede sufrir un sentimiento cuando no es correspondido, que se olvide para siempre lo que significa tener un amor lejano... tanto, que ni las voces de los más cercanos me distraen de tu distancia física y emocional. (se alza con el folio en la mano, ensimismado) Navego en silencio por mi mundo gris, imaginando que las olas que se me acercan son los impulsos de tu alma por volver de nuevo a mi lado, ilusionándome por sentirte cercano, emocionándome por sentir en tu mirada un amor certero al que nunca dejaré alejarse del alcance de mis abrazos. (deja de leer, y lo recita de memoria, con la mirada perdida en el recuerdo, hacia el horizonte) Pero al levantar la mirada, compruebo el cruel silencio en mi mundo de colores, y me doy cuenta de que sólo puedo soñarte en un arrebato de fantasía y luces, lejos, muy lejos de esta noche apagada y muda, donde camino cn mi soledad en un intento por no olvidarte. Y en silencio, musito tu nombre para mis adentros y con la mirada perdida... Sólo así serás mío en mi nostalgia y mi recuerdo. Sólo así. salvaré nuestra historia de otras miradas que nunca llegarán a comprender lo mucho que todavía te quiero. (deja caer el folio al tiempo que se lleva las manos al corazón y luego hacia el horizonte) Le envío un beso a mi horizonte y a mi vida mientras espero a que lo recojas. No tardes... te espero.

Cesa la música.
Lentamente, baja los brazos y queda muy quieto, rememorando su doloroso pasado con una voz quebrada.

POETA
Me dijeron que te habías ido... que en el último segundo echaste la mirada hacia atrás, hacia el fondo de la platea en un intento porque algo de nosotros volviese a coincidir en ese preciso instante... Pero no ocurrió, y tú te perdiste a lo largo de la calle, resquebrajando cada baldosa de la acera con el estruendo de tus tacones y tus lágrimas... Y yo también me perdí, convertido en el vagabundo errante que surca mil senderos en tu búsqueda... transformado en la sombra torturada por el recuerdo de tu última mirada, (alza temblorosa una de las manos) de esa mano tendida que quedaba sola, buscándote, comprendiendo en el último momento que lo único importante ya era el estar contigo mientras recorro toda esta inmensidad de soledad impuesta... Sin respirar apenas para no desbaratar las letras de este poeta, que escribe sus versos más tristes mientras intenta patéticamente sortear las nubes negras que presagian tormenta... (cambia el tono de voz, haciéndose más potente, tembloroso y nervioso, con una marcada respiración) Creo que fue en ese momento cuando el Gran Conflicto se recrudeció, y mi mundo interior comenzó a tambaearse... envolviendo de adiós todo nuestro ayer y la nada más absoluta de aquel presente... Música de requiem... El cabaret quedó clausurado y sus artistas llamados a las filas de la dispersión y la lejanía... Pobres marionetas... Pobres de todos nosotros en estos tiempos de amar... o sobrevivir...

Queda en silencio unos segundos, pensativo. Se sienta sobre la silla, coge la botella y comienza a beber de ella muy lentamente... hasta que poco a poco va saliendo de la pesadilla.

POETA

La noche me vuelve a arrancar del túnel en el que habito… de los senderos del asfalto y la oscuridad… El Café ha quedado desolado, las bambalinas desiertas, el telón ya no se alzará nunca más… Y mis bailarines, convertidos en marionetas, deshechos sobre la carretera escénica sin una música de fondo que les diera la nota exacta para aparecer a mi lado… Y yo… a partir de entonces, convertido en el halcón solitario que alza el vuelo sobre el recuerdo de todos ellos… errante, malviviendo en tugurios decadentes a cambio de unas monedas por desprenderme de mis versos… (hablándole a la botella) Derrochando lo poco que gano en mi única válvula de escape para olvidar… (da otro sorbo y habla como si estuviera contando una historia al público) En el Baudelaire no estoy del todo mal… Me pagan en función de la gente que acude al espectáculo. Si consigo arrastrar a los tres o cuatro parroquianos del local de enfrente, y se toman varios copazos, entonces mi bolsillo llora de felicidad… Les vomito a la cara mi mundo interior, las penurias que me afectan y el cómo veo a la sociedad de hoy día… (su voz se rompe) Sin embargo, hay noches, como la de ayer, en que no va nadie a escucharme y mis poemas retumban entre las cuatro paredes del local. El promotor, entonces, no sé si por caridad o… vayan ustedes a saber… se vuelve generoso, y me invita a un par de botellas de vino que yo me llevo para bebérmelas por la calle… a la caza de la luz de la luna, del canto de la sirenas, de la melodía certera de las musas… o del recuerdo de aquellos tiempos que se marchitan en lo más profundo del corazón… (su tono de voz va alzándose, orgulloso) donde resuenan el nombre, la música y el título que di a mi obra… El Cabaret de los sueños…

Deja la botella y se levanta, con el mismo tono de voz con que acabó el segmento anterior.

POETA

Sobreviviendo... vomitando mis versos a quien quiera escucharlos... Cuando llora la música, el artista pierde la luz del espectáculo para convertirse en un poeta (comienza a recitar con voz sombría hasta que se derrumba en los últimos versos):

Comienza a recitar, con un marcado acento de interpretación, hasta que va derrumbándose poco a poco.

POETA

La copa de vino suda

desengaños que caen hasta

llegar al madero viejo de la barra del bar,

viejo por las historias acumuladas,

por los guiños repetidos,

por los violonchelos desafinados.

El dedo apenas se levanta

para alcanzar la altura requerida

de la atención del barman,

y el temblor del alcohol

posee papeles legales

y nadie osará arrancarlo de esta tierra.

Poco a poco va descendiendo al suelo, envolviéndose en sí mismo, con la voz quebrada por un llanto inminente.

POETA

Los cimientos del cuerpo

se resquebrajan como una flor marchita,

como una campana en su reinado,

tañendo adagios con sabor amargo,

surcando la piel ajada, dando

relieve al nudo en la garganta…

Comienza a sonar “La canción de la estrella” de Richard Wagner para su obra “Tannhauser”, acentuando el dolor del poeta, cuyo tono de voz es ya un llanto.

POETA

Nadie te hace caso, viejo poeta,

viejo por acumular versos,

estantes llenos, sábanas vacías.

Hace frío en esta madrugada,

humedad sin piedad ni olvido

que te sigue con su guadaña,

con el filo del fracaso escénico,

con el epitafio de una obra imposible.

Se alza de nuevo para terminar con el poema.

POETA

Silueta troquelada en un horizonte

de luces y sonidos, de músicas

que envuelven la resaca…

al tiempo que pido otra copa

que pagaré con mis escritos

empapados de vida y sentimiento.

Un precio alto, lo sé…

Pero qué más da ya…

Ensimismado, lloroso, su voz termina en un quiebro y cae derrumbado en el suelo.

Mientras suena la música, en el increscendo, parece que despertara de una terrible pesadilla, como si las notas musicales le impulsaran a encarar la vida desde otra perspectiva.

Mira hacia el horizonte satisfecho, hasta que en un momento de decisión, se mira la ropa que lleva y se desprende de la camisa negra para rebuscar en la maleta del principio hasta sacar otra de un color blanco que se coloca lentamente, antes de coger un nuevo fular y colocárselo por el cuello.

Se levanta muy torpemente, al tiempo que la música le lleva a iniciar un nuevo camino, lejos de la noche y el amargo recuerdo del pasado, hacia una dirección aún por determinar.

Con un sombrero en la mano, recoge los poemas que hay desperdigados por el suelo, los coloca suavemente sobre el atril, les acaricia a modo de ternura y homenaje por lo que simbolizaban una vida anterior, y comienza a perderse de escena, hasta que en el último momento, echando la vista de nuevo hacia el atril y todos los enseres que ha dejado desperdigados por el suelo, les hace un saludo reverencial, se coloca el sombrero, y sale de escena con el último compás de la música.

REQUIEM

© Isidro R. Ayestarán, 2010

dramaturgia: Ángel Camarero