EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2016

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.


TRAS EL VELO DE LA MADRUGADA (versos de Jose Elizondo)


 Tras el velo de la madrugada... la silueta deformada,
la apariencia inapropiada, el desvelo de la nada...
Tras el velo de la madrugada...
las cuentas pendientes donde se saldan
las deudas de poemas decadentes en el
pago de sus letras, donde los poetas callejeros
empeñan hasta sus versos.
 
Versos que se rebelan si les nombras sin querer,
si les señalas con el dedo cuando te rozan con la piel,
al preguntar sus silencios o interrogar sus acentos,
cuando les miras sin verlos, cuando les sueñas sin sueños.
 
Versos que se rebelan ante las rimas forzadas
de consonantes sin eco junto a vocales sin alma,
que quizá sólo quieran ser el suspiro de un disparo
que dispara "sin querer" pero "quiere" por si acaso.
 
Versos de poemas susurrados bajo el alba,
donde el tiempo acabará venciendo al sueño
que te clava por la espalda el filo en verso
de un aliento en soledad.
 
¡¡Madrugada!! Enséñame el ojal de tus fantasías,
la aguja de enhebrar tus noches a mis días,
enséñame los hilos de tus desvaríos
y haremos un zurcido con nuestros latidos.
 
¡¡Madrugada!! Despiértame a la hora de las
horas muertas, de las desertoras de tiempos felices,
la hora de las moscas sobre calaveras
zumbando sus alas contra cicatrices.
 
Y no dejes de hacer conmigo zurcidos
con piezas cogidas de cadáveres vivos,
con trozos de espejos donde nadie se mira,
con restos de versos caídos de poesías,
con estos zapatos hechos a patadas
desgastados de tanto andar por las madrugadas.
 
Y ya me ves, puta madrugada,
acabo con vino barato brindando a la luna,
con una aguja en el brazo enhebrando olvidos,
heridas que sangran despacio entre comisuras
de labios que besan cansados de tantos zurcidos...
 
Tras el velo de la madrugada... los amores de portales,
los gritos tras la ventana, y unos versos en el aire
que respiran la mañana que no quiere despertarse,
a quienes ya se les hizo tarde para ver cual es la cara
que se esconde tras mirarse en el espejo del alma
de noches sin encontrarse,
 
tras el velo de la madrugada.
 
fotografía: Lorena López Cañedo
realizada en la Jam Session de Poesía
5 abril - taberna GABANA
Santander