EL CABARET DE LOS SUEÑOS
una obra de ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2016

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.


ACARICIAR EL CIELO (a tu lado)



Hemos caminado

a lo largo del asfalto llamado vida,

en un continuo regalo de miradas

envueltas en papel de cariño y lazada de afecto

que eran la banda sonora de nuestro tiempo juntos,

pero hoy, a través del escaparate del hasta luego,

me atormenta el abismo que dista hasta la otra orilla

desde donde me sigues guiñando el ojo,

donde aún me abroncas en silencio por mis excesos,

donde me pintas tu sonrisa y tus “te quiero”,

desde ese lugar donde ahora habitas

y del que yo me encuentro tan lejos.



Hemos visto tantas cosas juntos,

la de cosas que habremos visto,

sentados al borde del precipicio,

tentados a saltar en busca de grandes emociones,

sonriendo hacia el vacío más lejano

porque no había finito suficiente para los dos,

para nuestras ansias de vivirlo todo, juntos,

a lo largo de este abrazo eterno, fundidos tu y yo.



Pero yo ahora, tan lejos,

echándote de menos,

con la certeza que me da el saber

que si alguna vez acaricié el cielo

lo hice estando a tu lado,

teniéndote cerca,

cogidos los dos de la mano…



Por lo que nado hacia ti,

hacia esa orilla donde habitas,

ya ves, porque sé que a tu lado

no se me olvidará sonreír,



porque es a tu lado, solo a tu lado,

en nuestro rinconcito de nubes,

cuando de nuevo, tú y yo,

volveremos a la vida como antes.



Como en aquel tiempo en que, juntos,

acariciábamos el cielo.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXV

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